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Lo fantástico en la orilla

Texto e ilustración: Carlos Yusti

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Kafka, Borges y Mukarami

El poeta Francisco Arévalo contaba, entre molesto y divertido, como nuestro amigo Eliecer calzadilla, columnista de prensa y acucioso lector, se apasionaba explicando a un individuo que acaba de comprar un grueso tomo de Jorge Luis Borges, como sumergirse en la prodigiosa literatura del escritor

argentino. Para Arévalo el esfuerzo de Calzadilla era un derroche de tiempo ya que el individuo era sólo otro disfraz, especie de ágrafo petulante, de los tantos que pululan en la ciudad. Además Borges no es un autor del todo sencillo. Luego de terminar la explicación el personaje en cuestión le confesó a Calzadilla que el libro no era para él, sino para su padre quien para llenar sus días de vejez pensionda le había dado por leer.

No obstante este incidente de hombres que leen como Calzadilla y de otros que simplemente van por la vida sin percatarse que a la orilla de la cotidianidad se desliza una realidad fantástica y que algunos autores tratan de atrapar en sus libros.

Con Borges una cosa te conduce a otra. Por casualidad estuve releyendo a Juan Nuño y su libro “La filosofía de Borges”. Nuño en el análisis que hace del cuento “La biblioteca e Babel”, escribe: “La gran lección del idealismo de Borges es que la realidad puede ser no sólo lo fantástico (lo que apenas rozaría esa absurda categoría de lo real maravilloso), sino esencialmente lo mental”. La mente puede crear mundos inimaginables, pero buscando acomodarlos a través de la lógica en la realidad un poco como hace Kurd Lasswitz con la biblioteca que contiene todos los libros. Nuño escribe que para Borges escribir su cuento utilizó referencias puntuales y una de ellas es el cuento de Lasswitz de 1901, “La biblioteca universal”. El cuento se desarrolla como una conversación entre un gacetillero de revistas y un matemático. En la conversación banal sobre lo mucho que se edita se llega de pronto a una idea sorprendente: “…uno podría expresar en letras de molde todo lo que pueda ser dado a la Humanidad, ya sea información histórica, conocimientos científicos de las leyes de la naturaleza, imaginación poética, todas las formas de expresión, e incluso las enseñanzas de la sabiduría. Dado, claro está, que todo ello pueda ser expresado en palabras. Después de todo, nuestros libros conservan y propagan los resultados del pensamiento. Pero el número de combinaciones posibles de una cierta cantidad de letras es limitado. Por consiguiente, toda la literatura posible debería poder ser impresa en un número finito de volúmenes”. La conversación sigue en esa tónica imaginando el número de páginas, el tamaño de cada libro, etc. El cuento es una especulación mental bastante pesada. Borges va un jugada más allá cuando escribe la biblioteca de Babel e incluso cuando escribe su relato “El libro de arena”, en el cual un solo libro contiene toda la biblioteca universal de Lasswitz.

El título de este texto es una expropiación oblicua del título de una novela de Haruki Murakami, “Kafka en la orilla”. Juan Gabriel Vásquez escribe: “Al llegar a la página 429, los lectores de Kafka en la orilla hemos pasado ya por un mundo donde llueven caballas y sanguijuelas, donde un hombre de sesenta años puede hablar con los gatos y donde un logotipo de whisky y otro de pollo frito cobran vida y comparten con nosotros el mundo que, a falta de mejor palabra, llamaremos real”. Pero en la literatura de oriente este mundo fantástico traspapelado con la realidad es bastante común y Borges sobre el libro “El invitado tigre ” de P’u Sung-Ling acota en el prólogo: “A diferencia de Edgar Allan Poe y de Hoffmann, P’u Sung-Ling no se maravilla de las maravillas que refiere. Más lícito es pensar en Swift, no sólo por lo fantástico de la fábula, sino por el tono de informe, lacónico e impersonal, y por la intención satírica. Los infiernos de P’u Sung-Ling nos recuerdan a los de Quevedo; son administrativos y opacos. Sus tribunales, sus lictores, sus jueces, sus escribientes son no menos venales y burocráticos que sus prototipos terrestres de cualquier lugar y de cualquier siglo. El lector no debe olvidar que los chinos dado su carácter supersticioso, tienden a leer estos relatos como si leyeran hechos reales ya que para su imaginación, el orden superior es un espejo del inferior, según la expresión de los cabalistas. En el primer momento, el texto corre el albur de parecer ingenuo; luego sentimos el evidente humor y la sátira y la poderosa imaginación que con elementos comunes -un estudiante prepara su examen, una merienda enana colina. un imprudente que se embriaga- trama, sin esfuerzo visible, un orbe tan inestable como el agua y tan cambiante y prodigiosa como las nubes”.

Borges llevó lo fantástico por los derroteros de sus lecturas e innegables influencias que el socarronamente ocultó a medias. No era un innovador, pero estuvo al tanto que la realidad esconde una realidad no oficial y con acordes de misterio que una mente más o menos acoplada con vastas lecturas puede percibirla/escribirla con cierta clásica sutileza.

¿Cuál es la mejor manera de leer a Borges? ¿Cómo se leerá en un futuro? son preguntas que Alejandro Rossi trató de responder: “Quisiera que esos lectores se acercaran a él como lo hicimos nosotros: con la certidumbre de que estábamos frente a la excepción. Que también para ellos su obra sea, a la vez, mágica y precisa”.

El mundo de los cuentos de Borges trabaja lo fantástico desde estructuras conceptuales y filosóficas, de esas eternas estructuras mentales del hombre y su desentrañamiento mental sobre su sentido en el universo.

La elección de la novela de Mukarami no es azar. Uno de los personajes principales se llama Kafka Tamura (Borges realizó una traducción de La metamorfosis y en el prólogo escribe algo perfectamente aplicable a él mismo: “El pleno goce de la obra de Kafka—como el de tantas otras— puede anteceder a toda interpretación y no depende de ellas”.) Un joven de quince años que se aleja de la casa paterna. El azar, o el destino, le llevarán al sur del país, a Takamatsu, donde encontrará refugio en una peculiar biblioteca y conocerá a una misteriosa mujer mayor, que podría ser su madre, llamada Saeki. El otro personaje Satoru Nakata de niño, durante la segunda guerra mundial, sufrió un raro accidente. En una excursión escolar, él y sus compañeros cayeron en coma; pero sólo Nakata terminó afectado de por vida. Sumido en una especie de olvido de sí, con dificultades para expresarse y comunicarse, salvo con los gatos. A los sesenta años, pobre y solitario, abandona Tokio tras un oscuro incidente y emprende un viaje que le llevará a la biblioteca de Takamatsu. Lo demás forma parte de ese bello engranaje que algunos llaman literatura, así como a el Universo que otros llaman la Biblioteca.

 
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