FÁVER
José Joaquín Burgos
Uno se imagina a Fáver Páez, así como a Lope de Vega, "todo de negro hasta los pies vestido", y siente, así de pronto, un respetuoso escalofrío que le va recorriendo la memoria de todos los versos que haya podido leer en su vida;
porque, sin lugar a dudas, esa rigurosidad en el vestir, unida a sus honorables barbas sesentonas, a su recio perfil de poeta magíster, a su memoria prodigiosa, al tono oratorio de su habla, a su densa riqueza intelectual y, sobre todo, a su sencillez, hacen que quienes conocemos, admiramos y queremos a Fáver, lo veamos -así de simple- como uno de los intelectuales de más recia estampa de nuestros días. Porque lo de Fáver no es juego, ni pose, ni nada por el estilo: él es, y punto. Y es bueno reconocerlo y decirlo, para que la gente lo reconozca también o, como decía el difunto Rafael Darío Peña: "pa' que sepan que hay gobierno".
Fáver pone a bramar a los ríos, recorre las aguas del tiempo por cualquier rumbo de la rosa de los vientos. Descubre misterios insondables y pone a sus alumnos a investigar nuevas preguntas para antiguos problemas, así como el de la mancha del Quijote. Fáver escribe maravillosos poemas, incansablemente, para María. Inventa "cancionalas" y "sonetalos" (en esto último anda ahorita). En la intimidad de su casa es "chef" y "gourmet" al mismo tiempo, con recetas universales. Y hasta es capaz, llegado el caso, de "vestirse" de indigente y responder con un humilde y a la vez sonoro "Dios se lo pague" a quien caiga en la trampa y en la tentación de darle una limosna. Fáver es genio y figura, y punto. Uno de los seres más extraordinarios que hayamos podido conocer. Un verdadero capo di testa de la poesía, de la música, de la pintura, del cine, de la filosofía, de la historia (que es su especialidad), del talento, de la dignidad universitaria… y del humorismo, que no es cualquier cosa. En "La Taranta", por cierto, don Vicente ha dispuesto un sitio especialmente destinado a exhibir un hermoso soneto suyo evocador de peñas y de sueños para enterrar olvidos. Con razón dice "el gallo" Mujica que Fáver es un inmortal que siempre se está muriendo.
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