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Home Ensayos SARAMAGO, el adiós de la lucidez

SARAMAGO, el adiós de la lucidez

 

Carlos Yusti

 (Venezuela, Valencia, 1959)

Escritor y pintor. Dirige, conjuntamente con la periodista Virginia Gudiño, la revista Fauna Urbana. Coordina y diseña la revista digital Arte Literal.  Colabora para las revistas digitales Venezuela Analítica, Ficción Breve, Escáner Cultural, Letralia, Cayo Mecenas; con el suplemento cultural “Letra Inversa” del diario Noti-Tarde. Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); y Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) son sus dos últimos libros publicados.

 

 

 

 

SARAMAGO
El adiós de la lucidez

José Saramago fue uno de esos escritores no siempre de fácil lectura, pero no por ello dejó de fascinar. Su escritura deslumbraba por la lucidez de sus planteamientos. Tampoco fue un escritor fácil en su vida debido a su verticalidad ética y a ese sentido transgresor que asumió sin medias tintas.

Fueron múltiples sus facetas creadoras: poeta, novelista, cronista, autor teatral y periodista. Todas estas facetas como escritor confluían en su preocupación por una sociedad menos depredadora y si más equilibrada, abierta y plural.

En 1988 le otorgan el premio Nobel de literatura que sólo subraya la importancia de una obra escrita con la sensibilidad y la inteligencia crítica a favor de quienes sufren la historia y que son los chivos expiatorios del poder político o religioso. Entre algunas de sus obras de imprescindible lectura están: Levantado del suelo, Memorial del convento, El año de la muerte de Ricardo Reis, La balsa de piedra, Historia del cerco de Lisboa, El Evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres, La Caverna y Ensayo sobre la lucidez.

En una oportunidad José Saramago dijo: "No escribo para satisfacer dictámenes. Escribo un poco como quien respira, como quien habla". Con esto dejaba por sentado que para él la escritura ya no era un medio, sino una manera natural de sopesar el devenir de los días. Sus enemigos le achacaron como uno de sus peores defectos su militancia comunista. No obstante Saramago siempre tuvo claro que no era un comunista improvisado y  entiesado de ortodoxia. Además dijo sentirse como un comunista libertario y que había tres preguntas que nadie podía dejar de hacerse en la vida: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para quién?. De todos modos sus enemigos seguían argumentando: “Es bueno, pero es comunista”. Al final fueron menos intolerantes y decían: “Es comunista, pero es bueno”. Intentó ser un buen escritor, pero por sobre todo un ciudadano solidario y atento a las pulsaciones de la historia. Y aunque ya no militaba dijo: “Actualmente no tengo otra militancia que no sea la militancia indirecta de lo que escribo. Pero la participación política me ha dado algo muy importante. Un sentimiento solidario muy fuerte, la conciencia de tomar parte en una lucha por la humanidad, con todas las sombras históricas que esa lucha ha tenido”.

No por ser bueno dejó de fustigar a la Iglesia y todo ese edificio de religiosidad ortodoxa edificado con mentiras y su novela El Evangelio según Jesucristo intenta saldar algunas cuentas pendientes. En una ocasión expresó: “Uno de los grandes inventos de la Iglesia católica ha sido inventar el pecado, y después de inventar el pecado, inventar un instrumento de control de la gente. ¿Quién ha decidido lo que es pecado y lo que no lo es? Gran parte de la historia es un absurdo. Y la historia oficial, en la que la Iglesia ha tenido tanto que ver, es una sucesión de disparates. Pensemos en los muertos por la Inquisición. Incluso, en un grado menor, lo que ocurrió con el gran Camões. Tuvo que defender cada uno de sus versos para obtener el plácet del Santo Oficio”. Saramago también fue capaz de escribir: "Dios es el silencio del universo, y el ser humano el grito que da sentido a ese silencio".

Este escritor excepcional ha muerto, pero ha dejado como legado una obra literaria que tiende un puente con esa inigualable tradición de la gran literatura, de esa literatura perdurable al servicio de lo humano en sus mejores y peores aspectos ya que un grito vigoroso y solidario se deja escuchar en muchas de las páginas escritas con esa lucidez tan necesaria en estos aciagos días.

 

 


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