Carlos Yusti
(Venezuela, Valencia, 1959)
Escritor y pintor. Dirige, conjuntamente con la periodista Virginia Gudiño, la revista Fauna Urbana. Coordina y diseña la revista digital Arte Literal. Colabora para las revistas digitales Venezuela Analítica, Ficción Breve, Escáner Cultural, Letralia, Cayo Mecenas; con el suplemento cultural “Letra Inversa” del diario Noti-Tarde. Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); y Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) son sus dos últimos libros publicados.
VICENTE GERBASI O EL PROPÓSITO ALUCINADO
La noche del milagro espera en nuestras almas
Porque en nosotros duerme la rama del relámpago
(Vicente Gerbasi, “Canto a la naturaleza en la noche”,1943)
En nuestro país los poetas corren el albur que no los entienda nadie (José Antonio Ramos Sucre), que pasen a formar parte del folklorismo político (Andrés Eloy Blanco) o, en el peor de los casos, se conviertan en materia obligada en el pensum de estudios del noveno grado (Vicente Gerbasi).
Lo más terrible que le puede suceder a un escritor es que pase al pensum del bachillerato. Convertirse en lectura obligatoria es ser pasto del odio encarnizado de los estudiantes, de las valoraciones superficiales/profesorales y del aburrimiento estudiantil en consenso. El aula de clases se convierte para el escritor en un olvido prematuro ya que los autores son abordados desde la premisa educativa, sin tomar en cuenta que poetas y novelistas, al momento de rayar papeles, en lo menos que piensan es en escribir para adoctrinar y educar. Estar en el pensum es un homenaje y se puede decir que el escritor ha llegado. O sea, que se ha convertido en paradigma de la oficialidad literaria, en un clásico tan pesado y tedioso como La Odisea o La Iliada.
Vicente Gerbasi está en el pensum de estudios. He oído ha muchos jóvenes recitando, de una manera mecánica, "Mi Padre el Inmigrante", sin entender versatilidad del poema como discurso y como estructura lingüística. No obstante Gerbasi, a pesar de toda esta confabulación para convertirlo en un poeta inleible, inaugura en la poética nacional la modernidad lírica. Con él, un poeta del 38, se rompen esquemas lingüísticos y de forma en cuanto a la forma poemática. Este hecho sencillo le rescata a pesar de los profesores. Pero en verdad no quiero escribir/o dar lata del modernismo en Gerbasi, hay un destacado ensayo sobre el tema escrito por Ludovico Silva, que aparte de poeta fue filósofo, donde de manera erudita desentraña su modernidad lírica.
Me gustaría más bien hacer una digresión elemental sobre la profundidad mística y filosófica de Gerbasi o más bien de su Arte Poética. Libros como "Los Espacios Cálidos", "Mi Padre el Inmigrante", "Los Colores ocultos", "Olivos de Eternidad", "Poesías de Viaje" contiene trozos de gran belleza lingüística donde lo místico y lo filosófico nunca faltan.
El trabajo poético de Gerbasi posee dos características importantes como son la reflexión del yo, aspecto por otra parte muy modernista, pero de un yo consustanciado con el entorno, que vive lo que le rodea y le sirve como soporte imprescindible para reflexionar asuntos sencillos y nada rebuscados como cuando expresa:
El hombre siempre solo, con su mirada, suya,
con sus recuerdos, suyos, y con sus manos, suyas.
O estos otros versos:
Yo veía con los ojos de la sombra,
Con los ojos de las hojas,
Con los ojos de las grades rocas frías de la noche.
Ese otro aspecto tiene que ver con la filosofía, la cual viene a dejar al descubierto las preocupaciones metafísicas del yo, como cuando escribe: Venimos de la noche, y hacia la noche vamos.
La obra poética de Gerbasi en su conjunto subraya, de manera velada, que la poesía no se hace con ideas, sino con palabras más allá de su contexto meramente comunicacional. La poesía es un discurso que yerra, que no da en el blanco cuando quiere ser manifiesto, discurso político o cursilería para enamorados de salón. De allí la vigencia de este poeta oriundo de Canoabo, un poeta que hace misticismo sin ser místico, que hace filosofía sin ser filósofo y que hace manifiesto sin ser un activista político. El poema "Mi Padre el Inmigrante" es un manifiesto, pero es al mismo tiempo una estructura lingüística de incalculables valores líricos más allá de las loas académicas y profesorales. Con inigualable acierto Ludovico Silva escribió: "Gerbasi parece que escribiera como si no tuviera nada en la mente, pero en realidad lo tiene todo. Tiene todo lo necesario. Tiene rigor poético, seguridad rítmica, una prosodia perfecta y un poder metafórico perfecto de grandes proporciones".
Si uno lee los ensayos de Gerbasi, recopilados en un libro póstumo, "La Tumba del relámpago", podrá encontrar allí esa preocupación por el lenguaje, ese denodado y sufrible trabajo que producen las palabras al momento de escribir poesía. En cuanto a la profundidad y la forma de sus textos ensayísticos uno prefiere quedarse con su poesía. Poesía, que por otra parte, esta construida con palabras que desbordan todos los parámetros y llega a tocar fondo de un conocimiento, de una sabiduría del espíritu por la metáfora como pocos poetas y escritores en nuestro país, quienes viven esforzándose en ser profundos convirtiendo la poesía en exploración metafísica, en iracundía política y demás yerbas. Citemos al propio Gerbasi: "En poesía las palabras no poseen un valor justo, filológico, etimológico, sino que adquieren un valor múltiple, que escapa a la lógica corriente del lenguaje".
Gerbasi a través de una poética sin prurito de artesano del lenguaje supo imprimirle a las palabras un ritmo inesperado, una musicalidad especial. Los malos poetas, que abundan en nuestro contexto, escriben poesía con palabras también, sólo que las dejan entronizadas en un sistema verbal que abusa de las mismas, las recicla y las convierte en caricaturas.
En lo particular podría especular que Gerbasi escribió siempre el mismo poema y siempre lo hizo desde el yo subjetivo, conjugándolo con todos los elementos de su entorno vital y que subyacen en él alma del poeta como recuerdos, como quemaduras en la memoria que luego son pasados por el tamiz de la escritura poética. Su virtud como creador estuvo en que utilizó el lenguaje con inteligencia y lucidez. La crítica siempre le recriminó su tono oscuro, funerario, su encarnizada lucha existencial o como lo escribió Juan Liscano en un ensayo ya clásico en torno al poeta: “Primero un tanto fúnebre, rebuscada, recargada, retorcida, inclusive artificiosa por el empeño en aparecer metafísica, profunda, de una desesperación que no era suya (Vigilia del náufrago, 1937) la poesía de Gerbasi empieza a encontrar su verdad sensible en Bosque Doliente(1940). El bosque se convierte en alegoría de pureza, de existencia acordada con la naturaleza, la cual esconde a Dios”.
La poesía más que un golpe de azar instintivo, es un golpe de azar consciente donde el poeta deja sus vivencias personales, sus dudas de toda índole enriqueciendo el lenguaje con su experiencia personal. Lo demás es literatura, pasto inequívoco del olvido y de los pensum de estudios. Su propósito sigue en pie:
He aquí un propósito de alucinado:
Fundar un espacio de lumbres, de escarabajos, de rostros,
En el documento de los sentidos.
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