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HORMIGUERO DE CONCRETO DE ANA ROSA ANGARITA

HORMIGUERO DE CONCRETO DE ANA ROSA ANGARITA josefina Acosta Hess

California State University, Fullerton

Ilustración: Ana Rosa Angarita.

SE HA dicho en numerosas ocasiones que la creación literaria, por lo general, es el producto de las obsesiones y preocupaciones de autor o autora. Tenemos un ejemplo representativo en el caso de Rosa Angarita y su novela Hormiguero de concreto (1983).

En dicha obra, la escritora venezolana crea una protagonista que por encontrar respuesta a su agonía existencial en un contexto que tanto hombres como mujeres con inquietudes intelectuales viven adoso Durante la lectura de esta novela percibimos el fluir de un sentimiento de rabia o desesperación. Este indica un fuerte deseo, o , más bien una obsesión, por parte de la protagonista de reafirmar su eseencia por medio del análisis crítico de su propio comportamiento el de sus compañeros, ante la realidad social e histórica de su país.

La escritora Elaine Showalter en su libro sobre novelistas inglesas, literature of tbeir Own, distingue tres categorías de escritoras: feme, feministas y de mujer. La femenina, es aquella en que se imitan modos dominantes, por lo general masculinos; feminista, la fase de esta contra la hegemonía masculina; y de mujer, la que toma concia de sí misma como mujer que busca su identidad dentro de la 'edad, sustentando sus propios valores al margen de la escritura tradicional y heredada.

Podemos situar a Ana Rosa Angarita en la última categoría, con la excepción de que todavía escribe dentro de los cánones heredados. O sea, que escribe como mujer pero consciente de sus limitaciones dentro de una sociedad patriarcal, y por ende machista, como lo es la venezolana.

Hormiguero de concreto es una metáfora continua de la pequeñez y la impotencia humana para luchar contra fuerzas extrañas que gra­vitan sobre ella. Angarita proyecta una visión femenina violenta y con­testataria en el sentido de que repudia a todos los niveles el status quo de la sociedad venezolana de su tiempo. Ataca implacablemente la corrupción de los políticos del país y la influencia americana que se manifiesta desde los medios de comunicación hasta los productos de consumo importados de los Estados Unidos, junto con muchos voca­blos prestados del inglés. No pasa por alto lo pernicioso de la educa­ción en los internados católicos, donde no existía la educación sexual porque era pecado, y no sólo se perpetuaban los tabúes en lo con­cerniente al sexo, sino que se le reprimía al extremo de crear hombres emocionalmente castrados y llenos de complejos. También manifiesta esta novela de Angarita una enérgica crítica al machismo instituciona­lizado en la sociedad venezolana, donde todavía las mujeres son víc­timas de las exigencias de un mundo patriarcal. La pasividad a nivel intelectual y política ante la realidad social y económica del país es otra preocupación que se refleja en la obra.

En Hormiguero de concreto tenemos un narrador omnisciente que indiscutiblemente se identifica con las ideas de Clara, protagonista de la novela. Se inicia la novela con Clara y su hija viajando en el auto­móvil de su amiga Esther, durante una tormenta. El sonido del agua y lo tedioso del viaje hacen que Clara caiga en un sueño soporífero que la va a transportar a diferentes lugares y épocas de su vida.

Utilizando el recurso ,del sueño, el narrador introduce una gama de personajes y eventos que han 'dejado una huella indeleble en la sub­jetividad de Clara. Desde el principio, hay una reiteración de imáge­nes simbólicas -como ostras, algas, humedad marina, cuerpos hu­manos cubiertos por escamas, un pez que' habla, «Halibut»- que subrayan elementos' espiritualmente negativos porque connotan pa­sividad, enclaustramiento y disolución. «Halibut» representa el alter ego de Clara, con quien sostiene un diálogo introspectivo en sus momentos de desolación y que la ayuda a escudriñar todos los mie­dos e inseguridades que le Impiden encontrarse a sí misma:

-¿Podré, Halibut, podré enfrentarme? ¿Romperé mis propias- barre­ras sin quebrarme? (p. 56).

-¿Por qué ese temor de que te mutilen, de que te traguen las hor­migas? ¿No te das cuenta de que son totalmente inofensivas? Son blan­das, se alimentan de Corn Flakes de Kellogg's remojadas en leche, de las páginas rojas de los espectáculos, de las invitaciones a los entierros, de los horóscopos que salen en la prensa. De las novelas policiales, de los culebrones de la radio y la TV y de las vaqueras del oeste americano.

Las pobres no se dan cuenta que de tanto gozar, de tanto identificar­se se están quedando ciegas, y que se han vuelto tan mansitas, tan pendejas, que no sienten que poco a poco ... suavemente, una gran vaca de acero se las está engullendo para triturarlas en su vientre y de paso convertirlas en monedas, en billetes, en ventas con giros firmados a largo plazo, etc., etc. (p. 57).

En este fragmento de Hormiguero de concreto, Angarita hace alu­sión a la población venezolana en estado de masificación, influenciada por la propaganda materialista y superficial importada de los Estados Unidos. Esta masa humana se ve reducida metafóricamente a hormigas por su condición de pequeñez deleznable y su impotencia contra esas fuerzas invisibles y visibles que la aplastan.

Se evidencia en esta obra una actitud desafiante y denunciadora de la indiferencia de la juventud intelectual venezolana. Por su carencia de ideales o por su esclavitud cultural, la nueva generación se encuen­tra por un lado subordinada a la cultura de consumo de los Estados Unidos y, por el otro, subyugada a la tradición machista latinoameri­cana.

«Halibut», ser síquico/mitológico, dotado de un poder que penetra lo inconsciente, sirve de consejero a la protagonista y es quien va a dirigir toda la conversación de Clara a lo largo de la novela. Esta constituye el sueño que tiene durante el viaje de regreso a casa, en el carro de su amiga. En este sueño visionario, Clara se remonta a la niñez para volver a vivir los momentos más traumáticos de su vida: los altercados conyugales de sus padres, el abandono y la irresponsabi­lidad paterna. Dentro de estos recuerdos emergen vestigios de un mie­do inconsciente a ser violada por su padre. De su madre recuerda las infidelidades c.on el amante; su consejo de que fuera a la universidad, no a estudiar para obtener una profesión, sir¡o para conseguir un buen marido. Esta actitud tradicional de pasividad femenina, de verse como un objeto sexual dependiente de un hombre, provoca en la protago­nista una crisis de identidad que se refleja en la vacilación con que desempeña su ambivalente papel de madre/mujer/hija.

Clara arrastrará consigo los conflictos no resueltos con ambos pa­dres, haciendo difícil su relación con su hija y con su amante. Como mujer preocupada por su situación en la sociedad, pretende romper la imagen que los falsos espejos de la tradición patriarcal latinoamericana proyectaban de la mujer.

La obsesión por reafirmar la existencia de la mujer en vías de liberación y el intento de redefinirla repudiando las imágenes ajenas, se vislumbran en Hormiguero de concreto. Angarita lo intenta a pesar de las limitaciones de épocas y cirCunstancias que afectan las publicacio­nes de las mujeres dentro de un campo hasta ahora dominado por hombres.

A nivel estilístico, la novela proyecta un deseo de adoctrinar a los lectores que a veces resulta molesto por lo tendencioso. Por ejemplo, las discusiones seudo-filosóficas de Clara con sus compañeros de la universidad. En estas discusiones debaten sobre temas variados: mú­sica clásica y popular como la de los Beatles, las películas de los fa­mosos directores europeos como Bergman, algunos autores, entre ellos Kafka, Sartre, Camus. El tema que más se repite es el de la literatura de los escritores del boom latinoamericano. Es importante señalar la admiración que demuestra Angarita por la creación literaria de hom­bres como García Márquez, Fuentes, Sábato y, sobre todo, por Cor­tázar y su sentido del humor. Abunda también en Hormiguero de concreto la inteltextualidad, esta frase: «sin la luz estamos condena­dos a morir», sacada de la obra Nada personal de James Baldwin, constituye el motivo recurrente más poderoso en la novela. Al escu­char a su amante leer en voz alta esta frase, la protagonista experimen­ta una extraña sensación, como la de «un microbio instalado en su cuerpo», y al continuar Gerardo con la lectura:

Porque nada es fijo, nada está fijado eternamente y para siempre jamás. La tierra cambia, la luz cambia, el mar roe sin cesar la roca. Las generaciones no cesan de nacer y somos responsables ante ellas, porque somos los únicos testigos que poseen. (p. 37).

Clara se siente iluminada y «Halibut» la reta a tomar una posición activa en la lucha por los cambios sociales. Toda la crisis sufrida por la protagonista está impulsada por el deseo de desprenderse de todo lo superficial, todo lo frívolo, y en especial, de las influencias extran­jeras que ella percibe como nocivas. Pretende ser una mujer auténtica e ilustrada. Reconoce que para alcanzar sus metas de realización como mujer plena y segura de sí misma es necesario educarse, crear una conciencia social, pero ¿implica esto que será realmente una mujer libre y auténtica? Existe el miedo de no poder romper las ataduras de un sistema antiguo y difícil de cambiar como lo es el de su país.

El sueño o viaje interior que realiza Clara termina simbólica y físi­camente con la llegada a su casa. Es el final del viaje y de su búsqueda y también el de la novela.

Esta experiencia espiritual donde «la luz» es el elemento indispensa­ble para no morir, simboliza que la protagonista ha alcanzado la madu­rez y fuerza moral necesarias para llegar a ser una mujer realizada.

Sin duda, al final se vislumbra la posibilidad de que Clara logre armonizar su papel de madre/mujer/hija dentro de una sociedad com­pleja y cambiante como la venezolana. Una sociedad, que de acuerdo con Ana Rosa Angarita, necesita hombres y mujeres con inquietudes intelectuales y esperanzas que la ayuden a superar su condición de hormiguero de concreto.

 


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