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LA MALDICIÓN DE DOÑA BÁRBARA

LA MALDICIÓN DE DOÑA BÁRBARA

Aunque algunos escritores se abochornen, y aunque a otros le resulte un exabrupto, la novela nuestra por antonomasia es "Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos. Es nuestro Quijote, nuestro Ulises, nuestro Hombre sin atributos, nuestra Odisea.

Los críticos del más variado pelaje todavía andan a la caza de esa gran novela que pueda exorcizar el fantasma de esa incomparable devoradora de hombres. Que pueda quitarle su sitial a esa novela contemporánea, que sea capaz de romper el conjuro de una novela que ha sepultado mucha novelita oficial e incluso otras novelas notables del mismo Gallegos.

Juicios y prejuicios se nuclean en torno a esta obra que se ha convertido es una especie de niebla que oculta toda tentativa novelística distinta. La hablilla cultural ha fichado al dictador Marcos Pérez Jiménez como el primer enemigo público de la novela e incluso contrató a un escritor español para que escribiera una especie de novela conjura contra Doña Bárbara. Esta historia, algo bizarra, tiene más de hecho histórico que de anécdota literaturesca y el excelente ensayo de Gustavo Guerrero, “Historia de un encargo: La catira de Camilo José Cela”, realiza una pesquisa bien documentada sobre este asunto con sus villanos y héroes de rigor. El escritor contratado para la peculiar tarea fue el imberbe y hambriento Camilo José Cela. Hoy Cela es materia prima de la inmortalidad archivada con Nobel de literatura incluido y la novela tiene por título “La catira”. Con respecto a la novela escrita por requerimiento contractual el propio Cela ha declarado que “La catira” fue una de las obras que más dolores de cabeza le produjeron. En primer lugar por el lenguaje y luego por el ambiente mezclado por la idiosincrasia del venezolano tan diferente a la de los ibéricos. Cela tuvo que sudar mucho para meterse en la piel de los giros idiomáticos nacionales. No obstante “La catira”, me gustaría hacer acotaciones del argumento, pero la trama es tan endeble que la recuerdo mal, es más una curiosidad lingüística, un equivoco literario, un capricho de dictadorzuelo tercermundista, que una obra de envergadura literaria aunque en su momento fue distinguida con varios premios.

La novela de Gallegos, reverenciada y odiada por muchos novelistas locales, todavía no ha podido ser superada. A esta altura todavía no hay una novela que logre colocarnos en el tapete internacional.

En lo que respecta a su creador Gallegos es un clásico; incluso ha dejado de ser un político, un novelista de méritos para devenir en un premio (que por ironía del destino son pocos los escritores nacionales que los han obtenido) Si el escritor se convierte en una calle, en un premio o en una plaza puede asegurarse que este se encuentra en el paso exacto para convertirse en abono del olvido. Especulaciones mal intencionada, se entiende. El premio Rómulo Gallegos otorga cierto prestigio al escritor que lo obtiene amén de santificar la mejor novela.

Hay un hecho que vale la pena contar, aunque la historia oficial no lo recopila. Al parecer el propio Gallegos también sufrió los efectos hechizantes de su novela. Cuando Gallegos era presidente de la República llegó a sentirse en las botas de Santos Luzardo. Confundir la realidad con la ficción literaria es saludable para la literatura, no para la política. Y esos días Gallegos estaba traspapelado con su propia ficción. Cuando estalla la crisis militar este se negó, de manera rotunda, llegar a un entendimiento con los militares para salvar su gobierno, que se hundía inexorablemente. Para él los militares representaban el atraso, la barbarie que combatió siempre, tanto en su vida ciudadana como en sus novelas. Gallegos se creía Luzardo y decía que si pactaba con los militares no podría mirar a la cara de nuevo a su esposa y a sus amigos. Pero esta historia es contada a voces, pero conociendo la verticalidad del escritor estoy seguro que antepuso sus convicciones ante lo más propicio para el país. Todavía hoy pagamos esta confusión de Gallegos.

Los liceos nacionales se han convertido en los sitios ideales para aprender odiar a Doña Bárbara. Recuerdo que mi profesora de Castellano del bachillerato nos obligó a leer a novela de una manera compulsiva. Odie y coñomadrice a Gallegos desde ese momento, tuvieron que pasar muchos años para reconciliarme con el escritor. Y no sé si por venganza digo siempre que su novela es “Canaima” y no “Doña Bárbara”.

Lo indiscutible es que el mito de la devoradora de hombres sobrevivirá incluso a su creador. Se especula, no sin cierto sarcasmo, que la Doña se pasea en traje de baño y anda a la caza de la corona del miss Venezuela. O sea, la barbarie globalizada pasada por el bisturí y la silicona.

 


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