Francisco Arévalo
Francisco Arévalo (San Félix, 1959. Poeta, Novelista, articulista de prensa. Autor de las novelas La esquizofrenia de las golondrinas (Premio Fundarte, 1999), Adiós Matanzas en invierno (1999) y Tropiezos en el campanario (2008), así como de los poemarios Brote (1989), Nadie me reina en estos parajes de hormigón (1993), Sur (1995), Alcoholes de otra iglesia (1996), Algo más que baladas agridulces (2001) y Agrio de Colmena (2001), entre otros
ENTRETEXTOS
Los estuches de la decadencia
La decadencia es el paso seguro a la desintegración que vamos dando poco a poco y donde el tiempo es el principal protagonista. En dos platos es el efecto de caer en muchos casos sin paracaídas en cierto ruinoso pasado que termina ligándose con la sobreactuación y el ridículo, no dándonos cuenta que lo estamos consagrando.Vivir al día sin tener el pasado y las glorias pretéritas como alimento es lo mas saludable, pero para que esto se practique hay que caminar y caerse, pararse y volver a caer en medio del desconcierto, no sentirse en el fondo de la mentira, que viene en la misma caja de las tabletas que estimulan el optimismo banal y la falta de entendimiento que lleva al vacío, porque si de algo debemos estar seguros es que estos tiempos se caracterizan por la proliferación de los sinsentidos y los absurdos como modalidad social.Hace poco estuve integrado a una conversación de panas faranduleros que nos llevó a desgajar el espíritu decadente y sus protagonistas mas conspicuos. El Puma-que creo está por estos días en plano de gatito- fue quien abrió la discusión acompañando a la infaltable María Conchita Alonso y cerrando el eternamente “retirado” Ilan Chester. Resulta que estos tres actuantes de los escenarios siguen tratando de llamar la atención y enamorar públicos con sus añosos espectáculos. El Puma “llenó” hace poco el Teresa Carreño con su pavo real y sus contoneos que estàn mas al lado de las tonterías que del arte. Como cierre de su visita a su “querido país” terminó dando un concierto privado en una institución publica que celebraba el onomástico del que la preside, por este conciertito barnizado de intimidad cobró la ínfima cantidad de 55.000 dólares, en un país que vive reivindicando a los mas pendejos eso es una minucia, una brizna en el aire que sale de la piñata petrolera sin mucho jaleo, un agregado para dejar propinas o para alquilar el avioncito de retorno.El Puma está al tanto de su decadencia, de su ruinoso discurso que siempre maneja los códigos de la ambigüedad y el oportunismo, pero mientras tenga auditorio y tontos que lo aplaudan el seguirá con su pinta de que se las sabe todas y para mas se disputa un puesto de intelectual, la tercera edad ni pendiente ni en resbalón, no es con él, mucho menos el ridículo como contraste, porque el sobrevive en el primer mundo y vive del tercero, cosa que se ha convertido en práctica de ciertos elegidos de 40 años para acá.Ilan Chester, cuántas veces se ha retirado de los escenarios, creo que de tantas ya nadie guarda la contabilidad y por supuesto se le cree, lo cierto es que ahora viene y que con un homenaje a Simón Díaz que no es mas que uno de sus negocios embadurnado de sensiblería atrapa bobos, como sus colegas el Puma y la Alonso ven los toros desde el muro cacharoso de gringolandia, allá se gastan lo que sin mucho esfuerzo ni competencia sustraen de por estos lares, porque conocen el corazón bonachón del venezolano que no escatima para vivir en la nostalgia, además si algo sabemos cultivar es la cursilería y ¡a mucha honra¡. Sí, somos nostalgiosos y melosos a la hora de elegir, de darle sitial de íconos a cuanto habilidoso se vende como excepcional, es por eso que una María Conchita Alonso todavía brilla por estos predios, a pesar que ha jurado no venir mientras gobierne HR. No importa que la disonancia y cierta rebeldía trasnochada se confunda con su imagen refrescada con mucha laboriosidad y su nariz siempre congestionada, total cada quien tiene derecho a irrigar de decadencia el sendero por donde camina, cada quien elige ser el estuche sin parar a ver mucho a los lados, menos el tiempo. Esta hermosa tierra de gracia da para todo, hasta para ver los frutos del desatino y el ridículo, a esa conclusión llegamos los tertuliantes.






