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El León Felipe y la guerra civil española


Juan Guerrero

(Maracaibo,1954). Licenciado en Letras. Universidad Central de Venezuela. 1978. Asistente de la Cátedra de Literatura venezolana. Cursos de postgrado sobre Lengua y Literatura italianas. Universidad Italiana para Extranjeros, Perugia. 1999. Candidato a doctor en Filología Hispánica. Universidad de Oviedo-España.

Dibujo: Carlos Yusti

Columnistas

 

El León Felipe y la guerra civil española






León Felipe Camino Galicia (1884-1968) es uno de los poetas españoles que ha dejado impresa con mayor realismo la tragedia de la guerra civil española. En su juventud se dedicó a recorrer los pueblos y ciudades de España, junto con una compañía de teatro de títeres. De esa época es su primer libro Versos y oraciones de caminante (1920). Allí está ofrecido un mundo: paisajes, rostros, escenas de familia, y su enrancia, el desarraigo que ya no lo abandonará. Dice así el poeta: Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo / para que nunca recemos / como el sacristán los rezos, / ni como el cómico viejo / digamos los versos.
Una vez que se gradúa como licenciado en farmacia, León Felipe irá al África, concretamente a Fernando Poo, en 1922. Posteriormente va a México y Estados Unidos de Norteamérica. Son años duros y de continua enrancia. Se dedica a la docencia y a la vez realiza traducciones sobre poemas de Waldo Frank y Walt Whitman. Compone su segundo tomo de Versos y oraciones de caminante, que edita en 1929.
Regresa a España en dos oportunidades. Vuelve de nuevo a México y continúa su labor de traductor. En 1934 va a Panamá como agregado cultural y profesor universitario. Es allí donde lo sorprende la noticia de la guerra civil española. Regresa a su patria. En Madrid presencia los dramáticos bombardeos de octubre. A partir de ese momento se inicia otra etapa en su construcción poética: su palabra denuncia la matanza de la guerra. Es una protesta brutal, una lírica emocionante. Con el poema “Insignia”, León Felipe inicia lo que posteriormente se llamará la poesía en la guerra. Nace el poeta épico. El texto es un poema escrito contra aquellos países -en especial Inglaterra- que se negaron a ayudar a España por temor a las represalias de la Alemania nazi.
Escribe así León Felipe: Las estrellas no duermen / y pedirán un día tu sangre. Se cumplió. La sangre británica en 1942 enrojeció las aguas del Támesis y Londres contempló serena el rostro ceñudo y oscuro de la tragedia. Escribe León Felipe: Cuando las bombas caían sobre Madrid y Barcelona , la gran prensa universal comentaba: Que mueran esas ratas”. Cuando cayeron sobre Londres, todos, hasta esa gran prensa universal, se arrodillaron para rezar y sacaron de las cuevas…los ídolos y los viejos dioses olvidados. En España los héroes eran ratas; en Inglaterra hasta las ratas eran héroes.
Con dolor observa el triste paisaje de la guerra: He contado mis muertos. / Los he contado todos, / los he contado uno por uno. / Los he contado en Madrid, / los he contado en Guernica, / los he contado en Bilbao…/ los he contado en todas las trincheras; en los hospitales, / en los depósitos de los cementerios, / en las cunetas de las carreteras, / en los escombros de las casas bombardeadas, / (resbalando sangre, tanteando en las sombras y las ruinas). / Contando muertos este otoño en el Paseo del Prado, / creí una noche que caminaba entre barro, / y eran sesos humanos que llevé por mucho tiempo / pegado a las suelas de mis zapatos.
En este período prevalecen, básicamente, tres temas: la justicia, la paz y la religión. Con relación a la religión, es importante señalar que León Felipe desenmascara a la jerarquía eclesiástica de la Iglesia Católica, que le brindó apoyo y bendijo la dictadura del gran sapo iscariote. No me lo robo. Me lo llevo…¡lo rescato! / el salmo es mío…del poeta!...El salmo es una joya / que le dimos en prenda los poetas a los sacerdotes. / Fue un préstamo y ahora me lo llevo!. / Cuando los arzobispos bendicen el puñal y la pólvora y pactan con el sapo iscariote y ladrón / …¿Para qué quieren el salmo?.
León Felipe rescata el salmo, la palabra crística, la condición humana. Deja las palabras vacías y los falsos dioses a los opresores: Los grandes asesinos del mundo tienen un dios, un dios esclavizado, servil: que le enciende la pipa a Churchill, le limpia la cabeza a Mussolini, recorta el bigote a Hitler y le lustra las botas a Franco.
Por eso el poeta saca la palabra de la Biblia y se la da a los hombres. Esos miles y miles de dioses que vagan por el mundo sin techo y sin pan. Los españoles que deseaban una República libre. En León Felipe la poesía es una gran metáfora social; acción que es perenne movimiento. No pretende dar soluciones. Su poesía es en parte una contradicción que sirve para darle un sentido y unidad que son la fuerza interior del poeta y del poema.
Además, encontramos que León Felipe recibió, a través de toda su creación poética, la influencia de la Biblia, tal vez la más profunda. Esto le llevó a buscar una religiosidad en su obra, una fe consciente en Dios: El apóstol y el evangelista de los poetas vendrán. / Aguardadle y no pactéis con los sacerdotes. / No tengáis prisa ni miedo. / No tenemos templo. / Nadie tiene hoy templo. / Nadie tiene dónde cobijar su alma afligida hoy en el mundo.
Luego vino Don Quijote; el español más universal, la salvación del mundo. Ese amor apasionado y loco que siente Don Quijote por su España y contra la razón y absolutismos de un país que se sumergía en la racionalidad del Renacimiento.
Walt Whitman será otra importante influencia. Ese poeta maldito, alma y sentido de vida del pueblo norteamericano. Con su sencillez y natural dialéctica lleva a León Felipe a encontrar una forma particular de expresión poética. Sin palabras rebuscadas, sin metro rígido, el poeta logra realizar una poesía que penetra hasta las más hondas fibras del sentimiento humano. Una poesía que venida desde los tiempos oscuros escrita por un poeta “maldito” encuentra en esa particularidad, en su más honda especificidad, su vuelo alto para encontrar el viento, para levantarse a voz prometéico y juntar su infelicidad a la palabra apiñes de Whitman. Es también una propuesta para subvertir lo que nos han dicho que es la cultura (una casa solariega, un sillón de cuero y un retrato de un mi abuelo). Una proposición para devolverle a la poesía su sentido más hondo, más humano. Y en esta última instancia, para que nosotros la completemos a nuestra manera.
Una proposición para la cual también nosotros debemos dejar nuestros préstamos culturales y encontrar una voz más auténtica.
No olvidemos que hoy de lo que se trata es de los tiempos oscuros.

 
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