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LA VIDA COMO ENSAYO

Entrevista

El psiquiatra Pedro téllez se diagnostica un autor egodistónico

“Mis primeros escritos fueron diarios, creo que los últimos también lo serán”


Mónica Mestre García

Pedro Téllez nació en Valencia (1966). Es médico psiquiatra y en su hoja de vida más parecida a una historia clínica que a un curriculum vitae— aclara que sus padres eran médicos y sus abuelos escritores. En los últimos 12 años ha publicado: Añadir comento (1997), Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005) y Un naipe en el camino del dorado (2007).

También ha sido editor de la revista juvenil La Tuna de Oro, coordinada por estudiantes de la Universidad de Carabobo (UC). Actualmente, colabora en la redacción de la revista Poesía que dirige Adhely Rivero. Y agrega a modo de sentencia: “Mis primeros escritos fueron diarios, creo que los últimos también lo serán”.

—¿A su juicio cuáles son las características que debería poseer la escritura ensayística, género al que usted más se ha dedicado hasta ahora?

—La escritura ensayística, en general, además de las características señaladas por los profesores de literatura, en cuanto a la forma y tópicos clásicos, tiene en Latinoamérica preocupación por lo ético y lo político del momento, privilegiando lo ético por supuesto. El ensayista juzga el presente pero también profetiza, pero no desde el presente sino desde el pasado: el lema de Madero en la Revolución Mexicana adquiere vigencia para la revolución venezolana. En nuestro continente el ensayo es asumido por intelectuales y, paradójicamente, es leído por pocos en prensa y revistas y circula luego, en un público más amplio recogido en libros, en una especie de “yo te lo dije…”. La escritura ensayística debería estar atravesada por la ironía y provocar placer en el lector, lamentablemente, esta característica no es frecuente. Echémosle la culpa a los otros: hay un exceso de seriedad en los lectores. Apuesto por una escritura ensayística presente en cuentos, novelas, diarios… y en los ensayos. Cuentoensayo, pero puede ser ensayo-cuento, Borges era un maestro en esas metamorfosis. A veces el género lo decide el lector.

—Cuando usted habla de transdisciplinariedad en el lector de ensayos, y añade también las ca rac terísticas de hipertextualidad, ¿lo hace porque considera que el lector de este género es más activo que el de los otros?

—El lector de ensayos, un género proteico y en permanente mutación, también sufre metamorfosis, sin darse ni cuenta, el lector deviene en escritor, pues todo ensayo presupone su comentario, el subrayado, la nota al pie de página o el tachado. Con una mano lee y con otra escribe, se deberían publicar con márgenes amplios, que inviten a la anotación.

Literatura hereditaria

—¿Por qué usted cree ser un escritor informal o buhonero de la escritura? Y además ¿por qué se diagnostica un escritor egodistónico?

—El buhonero de la escritura es el escritor informal, porque no es fijo, no tiene sueldo de promotor o de profesor de literatura, ni nunca lo tendrá. No cobra, más bien paga por escribir. Si es ateo ni Dios se lo paga. La literatura no es un pasatiempo para el escritor, pero si lo puede ser para el lector, aunque el buen lector lee como si fuera un trabajo. Un solo libro mío, el mejor y uno de los primeros, cumple con el requisito de ser un pasatiempo para sus lectores. Créame que he tratado de volver a esa escritura, pero me ha sido difícil, porque mi vida es otra. Por eso soy un escritor egodistónico, quiero llevar una vida ensayística, la vida como ensayo, esa es la enseñanza oculta de los fundadores del género: Bacon y Montaigne, uno murió por una pulmonía que agarró en la nieve mientras experimentaba con la refrigeración de la carne, al otro lo despertaban de niño con música, porque ambos llevaron una vida ensayística, su escritura era egosintónica con lo interesante de sus vidas. Lo de psiquiatría, como la locura, nos viene de familia, bueno, eso dice la gente. La literatura en mí es hereditaria, y no en el sentido de bienes que se heredan sino como una especie de tara simpática.

Fuente: TODOSADENTRO

 


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