“Barrer la casa del alma”
Entrevista al poeta César Seco
Miguel Antonio Guevara

César Seco (Coro, Falcón, 1959). Editor, poeta y ensayista. Fundador de la Casa de la Poesía «Rafael José Álvarez» y de la Bienal Literaria «Elías David Curiel». Fue miembro del grupo literario Cráter. Actualmente es miembro de la Red de Escritores de Venezuela. Ha sido galardonado dos veces con el Premio Municipal de Literatura de la Alcaldía de Miranda del estado Falcón (1993, 2000). También obtuvo en Trujillo el Premio de Poesía Bienal de Literatura «Ramón Palomares» en el año 2005. Ha publicado El laurel y la piedra (1991), Árbol sorprendido (1995), Oscuro ilumina (1999), Mantis (2004), Lámpara y silencio antología poética. Monte Ávila editores latinoamericana (2007), Transpoética. Fundación Editorial El Perro y la Rana (2009).
M.A.G Una amiga hace poco me contaba y me hacía algunas observaciones de la entrevista como género: “tenemos que estar atentos en la conversación, para que no se escapen los sentidos” en relación a las diferentes temáticas planteadas en las preguntas y las posibles desviaciones del tema. Siempre la idea gira en torno al oficio del entrevistado, para saber más de él y su hacer, que no nos desoriente la relación de una pregunta con otra, le planteo un coloquio sometido a una especie de azar planificado, que obedece precisamente a esa espiral de significados que llamamos poesía, coméntenos ¿qué escribe actualmente poeta?
C.S Ahora ni nunca creo que me he dicho: voy a escribir esto. Cuando me siento a escribir o bien, lo hago de pie, o en la cama o donde esté, es porque el cuarto oscuro de la cabeza se me inundó de luz y es como si un barquito de papel, comenzara a plegar sus puntas para no naufragar en el silencio mismo que lo engendró, súbitos que destejen perplejidades, imágenes que abren un surco entre lo claro y lo oscuro, palabras que buscan un espacio por y para decir, si algo hay que decir. Lo demás es artesanía, barrer la casa del alma como digo por ahí, pasar a limpio, o contar con la nunca suficiente ayuda del ordenador de palabras. Disculpa que me haya demorado en responder la pregunta, pero necesitaba hacerme lugar en el espacio mismo de la respuesta. Actualmente no estoy escribiendo nada, reviso, corrijo, ese otro lado, nada grato y exigente, pero necesario, de la escritura.
M.A.G Además del César Seco poeta, lectura fundamental de la actual literatura venezolana, hay un César Seco editor, para nadie es un secreto de esa gran fuente de poetas que resulta ser la tierra falconiana, hay numerosas voces y numerosas publicaciones, has formado parte del equipo responsable de Ediciones Libros Blancos, Ediciones Casa de la Poesía de Falcón, en muchos lugares del interior suceden grandes cosas como ésta que hasta ahora pocos conocen; por favor cuéntanos de esa experiencia.
C.S Llegué a la edición de libros porque en el lugar donde trabajé muchos años, el Instituto de Cultura del Estado Falcón, fui al principio asistente del director y al éste ser removido no hallaban qué hacer conmigo, por supuesto se enteraron que escribía y me dijeron que me ocupara de eso. Lo agradezco y lo agradeceré mientras viva. Desde entonces me vinculé a proyectos editoriales como el que mencionas, oficio que me dio y me sigue dando una gran satisfacción porque he podido publicar libros de amigos poetas a los que nos une una relación entrañable de respeto y afecto, y contribuir así, modestamente, con la difusión de las letras de mi región.
M.A.G Cualquiera que sea nuestro oficio siempre buscamos algún ejemplo, un modelo a seguir que haya sido responsable de iluminarnos en algún momento, que también nuestra memoria atesora reviviéndolo cuando es necesario. Como tal vez Leonardo Ruiz tenga a un Jesús Enrique Guédez o Luis Alberto Angulo una Enriqueta Arvelo, tú tienes a Rafael José Álvarez. ¿Lo evocas muy a menudo? y aunque el espacio siempre quede corto ¿qué significa la obra del nieto de Trina para César Seco?
C.S Yo perdí a mi padre cuando andaba por los treinta años y cubrí esa inefable ausencia en mi vida con la presencia entrañable del poeta. Lo venía frecuentando ya con otros jóvenes y, su persona, su particular modo de ser, que siempre nos asombraba, su poesía, sus crónicas, se convirtieron en nosotros en un vínculo poderoso con la imaginación y con la realidad misma, vínculo que ya no nos abandonaría y que es definitivo para nuestra formación. No me cansaría de hablar de él y tú sabes que lo hemos hecho en otros espacios. Ahora sólo quiero recordar algo que ya es inseparable en mi memoria y que no había dicho en las páginas que le he dedicado. Una vez estábamos en un café aledaño a la torre Corp Group en Caracas, en la Semana Internacional de la Poesía y compartíamos un grato momento con otro entrañable poeta venezolano: Eugenio Montejo, y de entre lo que nos maravilló de estar y conversar con él, fue que Montejo estuvo hablando de Álvarez durante un rato con especial devoción y respeto por su obra. En ese momento, le hice saber que con igual deferencia Álvarez se refería de él. Y fue cuando se levantó porque tenía un compromiso y nos dijo: “Es que venimos de lo mismo, llévenle mi saludo, no lo veo en años”. Así era Álvarez, se apartaba, no le gustaba la figuración pública. Ahí está su obra que confirma su estatura poética.
M.A.G La reflexión, y más que reflexión el mero acto de escribir ha sido de cierta forma trastocado, lo digo por las nuevas herramientas tecnológicas a nuestra disposición. Son muchos los escritores venezolanos que se han volcado a atender y buscar su lugar en estos nuevos espacios. ¿Qué tienes que decirnos sobre esa experiencia de exponer capítulo a capítulo tu ya no tan inédita novela La llave de arena?, cuéntanos sobre esa experiencia de tener al instante ese eco deseado del lector sobre lo leído.
CS (risas) Hay cosas, casi diría que todas, que no son ajenas a la necesidad de hombre y ésta es una de ellas. Me afilie a las redes sociales porque al venirme para Punto Fijo, que bien cierto es que apenas está a una hora de Coro, estaba consciente de que me apartaba de mi ámbito afectivo y cultural, por lo que, con la pequeña ayuda de un amigo, abrí mi página de Facebook, con reservas por todo lo que había escuchado en torno a ello; pero una vez sentí, supe, comprobé que había allí una posibilidad de dialogo, lo asumí con lo único que tengo, la escritura. Al principio fueron textos ya publicados y, una vez el número de lectores se hizo amplio, comencé a probar con capítulos de la novela, muy largos la mayoría para un medio donde la velocidad manda, los comentarios de los lectores me motivaron a seguir escribiendo algo que muchas veces estuve a punto de abandonar, y tal estímulo afirmó mucho más mi vinculación espiritual con mi tierra de origen, asunto y trasunto de la novela, compensó de alguna manera mi ausencia física. Así, cuando publicaba un capítulo y obtenía respuestas de todo tipo, era como si bajara a la esquina del bar y cerveza de por medio se lo leyera a un amigo y me dijera: estás más perdido que el hijo de Lindbergh o dale que no viene carro.
M.A.G Cuánto nos preparamos para esto resultó ser el Leitmotiv en El viaje de los argonautas, ¿todavía persigue al poeta la interrogante?
C.S Todavía. Pero como todo ser común, ya sólo aguardo la esperada tijera del acabose.
M.A.G En medio de tantas publicaciones, tantos libros impresos, encuentros, festivales, toda esa información a la que hemos sido expuestos los últimos años en nuestro país gracias a las nuevas políticas editoriales y culturales, podríamos pensar que de cierta forma los escritores venezolanos tienen el terreno ideal para desarrollar su oficio. Usted ha sido un promotor cultural incansable, desde librero a fundador de bienales, de espacios para la poesía, eso demuestra que ha estado comprometido con su labor como creador, como responsable del desarrollo intelectual de nuestra sociedad; pensándolo como un consejo ¿cree que esta situación histórica compromete de alguna manera a los protagonistas y creadores perteneciente a la joven literatura venezolana?
C.S Desde luego, los jóvenes encuentran hoy un espacio más favorable y estimulante que el que nos tocó a nosotros y podrán desarrollarlo según sus perspectivas, pero antes tienes que enfrentar muchos retos y no ser conformistas con lo que a veces la llamada política cultural impone en este sentido y en otros. Sin ánimos de dar consejos, creo que ahora hay que pasar a lo que nunca ha existido en nuestro país. Que las embajadas, esos señores que llaman “agregados (la palabra es de por si infame) culturales” se ocupen de promover autores y libros con eficiencia, como los mexicanos, argentinos y colombianos siempre lo han hecho y nos llevan una morena que persistimos en pasar por alto porque nos estamos creyendo siempre originales. Que la figura del agente literario por fin sea respetada y se le deje incursionar en un medio que manejan mejor, mucho mejor que muchos funcionarios, y el escritor deje de rondar las editoriales para que le publiquen un libro y se ocupe de lo suyo, escribir con dignidad y calidad literaria, humana, moral. En todo esto se deben recordar los reclamos que en este sentido hacía Juan Liscano.





