A Duque, sin indignación
Pablo j. fierro C.
“Muy rejodido tiene que estar todo esto para que un pobre columnista como este que escribe, se vea en la necesidad de decirles o recordarles a sus lectores (ustedes, gente más o menos racional y con los pies en tierra, según creo) que el diablo y el infierno no existen. Y que por lo tanto Dios y el cielo tampoco.
Declaración tan perogrullesca y sencilla como esa es capaz de estremecer de indignación a alguna gente que uno creía sana del cerebro. Carajos que dicen ser revolucionarios y comunistas pero le exigen a uno que respete “las sagradas tradiciones del pueblo”, como esa de creer que existe un ser todopoderoso que te vigila, te salva o te castiga dependiendo del tamaño de las cagadas que cometes, y por lo tanto está chévere que aquí se le rinda honores a San Juan, la Cruz de Mayo y San Antonio de Padua y del Táchira.” José Roberto Duque. El Discurso del Oeste.
Has dicho, Duque: “(ustedes, gente más o menos racional y con los pies en la tierra, según creo)”. Apelas en tu exhortación atea a la racionalidad de la audiencia que te lee; supongo que cuando escribiste ese artículo (“De dioses, héroes y gente postrada”), estabas pensando únicamente en los usuarios del blog que administras “El discurso del Oeste”, para suponer que sus creencias, ideologías o gustos son afines a los tuyos.
Epa, Duque, no sé si puedes permitirme que te trate con cierto tono de amistad, debido a que nos hemos visto un par de veces en San Diego, donde Ramón Mendoza y hemos intercambiado algunas palabras en medio de ese ambiente tan propicio para el encuentro afable y desacartonado. Y debo decirle a mi gente oriental –del oriente venezolano- que en uno de esos breves diálogos, testimoniaste acerca de nuestro terruño y la calidad de sus habitantes con palabras de aprecio y simpatía que cosechaste de no sé cuántos viajes que has hecho hacia allá.
Bueno, todo eso está bien.
Pero centrándome un poco en lo que en definitiva me ha llevado a reencontrarme con el teclado de una compu para dejar escritas algunas reflexiones, debo enfocarme en la ligereza con que descargas tu artillería de ideas a la hora de intentar fulminar en medio de este campo de batalla político, la poca o mucha fe que puedan tener tus lectores, no sólo en Jesucristo, sino en las bondades de la Constitución Nacional que nos rige y que nos dimos tiempo atrás un gran porcentaje de venezolanos que queríamos, como dice Gilberto Correa en una cuña, “un cambio, de bueno para mejor” –ojo, no hablo de cambio de dirigentes, sino de Constitucion-; porque es obvio que deploras el derecho a la libertad de culto, si te animas a decir: “Carajos que dicen ser revolucionarios y comunistas pero le exigen a uno que respete las sagradas tradiciones del pueblo”. El Presidente de la República, máximo líder de esta revolución, nunca te prometió que por ser revolucionario irrespetaría las “sagradas tradiciones del pueblo”, por el contrario, él mismo es católico y aunque continuamente expresa su desacuerdo con la jerarquía de dicha religión, confrontando por cierto principios básicos del catolicismo como los de 1era de Corintios 13: 4-7, no ha tenido ningún problema en mantenerse dentro de esas filas aun cuando, creo, dicha jerarquía no ha cambiado su postura acostumbrada.
En cuanto a si el comunismo o la gente de mentalidad comunista, o los revolucionarios están llamados a irrespetar “las sagradas tradiciones del pueblo”, bueno, me desayuno. Porque tengo entendido que Alí Primera, aquel venezolano que demostró en su canto –y dicen los que lo conocen que en su vida- tamaña sensibilidad social, era comunista. Mas su voz de ultratumba todavía me inquieta esporádicamente con una frase que colisiona fuerte con mis paradigmas bíblicos: “¿Por qué no unirnos? Sí, por qué si ya se unieron el fusil y el evangelio en las manos de Camilo”. Y además aquella vaina tan odiosa que no sé de dónde la saco para convencer al receptor de que se alzara: “dile que Dios no se arrecha, que él está contento con revolución”. ¿Era hipocresía militante decir, errado o no, que era posible el encuentro Ateo-Creyente, o una convicción sincera? ¿Qué crees tú? En términos políticos por mi parte no lo creo posible; porque nadie que en realidad entienda lo que Cristo quiso decirnos en su mensaje, nadie, por más cura que se autocatalogue, que se calce un fusil y agarre monte como hizo Camilo, se lo calza para “ser manso como paloma y astuto como serpiente”, o para predicar que “no es con espada, ni con ejército, sino con el Santo Espíritu de Dios”, o para “No matar” (como manda el mandamiento –valga la rebusnancia-).
Otra cosa, Duque, tú que reconoces –humildemente, debo decirlo- que desde tu posición de “pobre columnista” te estás levantando como quizás la única voz sensata que pueda darle un parao a esa anomalía que denuncias, sin pensar ni por un segundo que a lo mejor el que está pelando bolas eres tú, y esgrimes el estandarte del pensamiento racional; de dónde coño sacas que establecer que “ni Dios, ni el diablo, ni el cielo, ni el infierno existen” es una verdad de Perogrullo. ¿Tú calentaste siquiera el motor de tu RAZÓN para pasearte por el somero análisis del grupo de palabras que estabas escribiendo?
¿Está todo eso así tan de anteojito?
Verga, Duque, con todo respeto, ¿tú me harías un favor así como de pana? ¿Tú te tomarías la molestia de intentar ayudar, con argumentos racionales, razonables o como se le diga, a éste Pablo –según tú, de acuerdo a lo que dices en el epígrafe- descerebrado –porque creo en Dios como no tienes una idea-; ¿intentarías ayudarme a entender cómo es eso de que Dios no existe?
¿Podrías enumerar al menos 10 razones irrefutables?
Duque, un abrazo.





