Carlos Yusti
(Venezuela, Valencia, 1959)
Escritor y pintor. Dirige, conjuntamente con la periodista Virginia Gudiño, la revista Fauna Urbana. Coordina y diseña la revista digital Arte Literal. Colabora para las revistas digitales Venezuela Analítica, Ficción Breve, Escáner Cultural, Letralia, Cayo Mecenas; con el suplemento cultural “Letra Inversa” del diario Noti-Tarde. Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); y Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) son sus dos últimos libros publicados.
Frida Kahlo en rojo intenso
“Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar”.
Frida Khalo
Nunca fue la musa de Diego Rivera. Era una fea guapa que seducía a la cámara fotográfica. Tenía un carisma endiablado y un carácter irreverente y de pocas pulgas. En muchas fotos que se conservan de Frida Kahlo se nota ese magnetismo especial que tenía, esa sensualidad otra que subyugaba tanto a hombres como a m9ujeres. Era una fea sugerente y bisexual. Algunas biografías refieren que Diego Rivera fue el gran amor de su vida, pero en verdad su gran amor fue la resistencia. Pelear siempre a la contra. Vencer todos los obstáculos. Destruir todo los moldes. No acomodarse a ninguna convención. Su gran amor fue ser libre para resistir todos los embates de la vida con una altivez férrea e iconoclasta.
Siendo apenas una adolescente el tranvía donde viajaba choca de forma violenta. Un hierro retorcido traviesa su cuerpo, pero sobrevive. Desde entonces su travesía existencial será un alegato contra la adversidad y el arte un testimonio inquebrantable contra el dolor.
Después de los avatares de su convalecencia y recuperación (fue sometida a 32 operaciones para reconstruir su cuerpo desecho) se casa con Diego Rivera. En un esbozo biográfico Rauda Jamis escribe: “Así pues Magdalena Carmen Frida Kahlo se unió en legítimas nupcias con Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez. Ella tenía veintidós años, él estaba por cumplir cuarenta y tres. Matrimonio entre dos monstruos, cada uno a su modo; dos creadores, dos seductores, dos apasionados. Un matrimonio que podía parecer un capricho, regido únicamente por las fuerzas instintivas, lúdicas, que parecían a punto de dominarlos a los dos. Un matrimonio que se anunciaba liberado ya de los auspicios del hastío, por lo menos”.
Frida y Diego nunca fueron una pareja normal. Cada uno por su lado asumió su sexualidad sin restricciones. Frida tuvo algunos amantes entre los cuales se encontraban Edward Weston, León Trotsky, Isamu Noguchi y Chavela Vargas quien en una entrevista dijo: “Fue mi gran amor. Me dolió mucho su muerte y a veces me dolía su vida, pero ahí nos fuimos”. A pesar de las infidelidades de ambos y de sus fuertes temperamentos lograron campear muchas malas estaciones en su relación hasta el final. A manera de chanza Frida decía: "Sufrí dos accidentes graves en mi vida: uno en el que un autobús me tumbó al suelo… el otro accidente es Diego".
Si la vida de Frida es uno de sus grandes atractivos como artista sus cuadros no dejan de ser intrigantes y en ocasiones están provistos de un halo surrealista, de esa acotación sobre un universo paralelo entretejido de sueño y dolor. No por casualidad André Bretón, el sumo pontífice del surrealismo escribió: "No existe obra de arte que sea más marcadamente femenina, en el sentido de que, para ser tan seductora como sea posible, esté dispuesta, de manera total, a alternar entre el juego de ser absolutamente pura o absolutamente malvada. El arte de Frida Kahlo es como una cinta que envuelve una bomba" y para su esposo Diego: “La obra de Frida es ácida y tierna, dura como el acero y fina como las alas de las mariposas. Adorable como una sonrisa y cruel como la amargura de la vida”.
La pintura de Frida es un itinerario de su particular mundo interior, es una bitácora de su dolor físico y de su mundo aguijoneado por el sueño a pesar que escribió: “Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad”. La pintura de Frida es un itinerario de su particular mundo interior, es una bitácora de su dolor físico y de su mundo aguijoneado por el sueño a pesar que escribió: “Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad”. A pesar que su periplo existencial no fue color rosa antes de morir termina un cuadro repleto de sandias cortadas dejando expuestos ese rojo intenso, quizás ese mismo rojo vivo de su espíritu donde además dejó escrito: “viva la vida”.
Luego de su último juego de cartas con la muerte escribió en su diario: “espero alegre la salida y espero no volver jamás”. Exhibieron su féretro arropado con la bandera de la hoz y el martillo. Comunista hasta la cachas para completar la foto. Pero siempre regresa, tan terca como siempre.
La leyenda de Frida ha crecido con los años e incluso su sombra diminuta ha cubierto la enorme sombra de Diego Rivera, pero él se lo buscó ya que cuando estuvo en los escarceos amorosos el padre de Frida le advirtió: “Tiene el demonio adentro”. Claro un demonio amasado con esa explosiva vitalidad que trasciende el tiempo. Y eso fue la vida de Frida una misa negra plena de rituales y misterio que todavía hoy seduce. Su pintura, ya se sabe, fue una vitrina en la que exhibió el dolor de esa naturaleza rabiosamente viva que fue, de esa pasión de estar viva que salía gritando de los espejos de su alma y que ella pintó con la insana rebeldía de cabra loca e indómita, al decir de Poniatowska. Rebelde hasta lo último, hasta ese instante en el que cremaron su cuerpo desecho, al tiempo que voces quebradas de charros entonaban la Internacional en ese sincretismo tan a la mexicana.






