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SER HOMBRE

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Columnistas/Elinor Herrera

Era cuarto menguante y sintió que menguaban sus fuerzas para seguir jugando al juego del amor. Desde la soledad del balcón donde regularmente tomaba una copa de vino, se fumaba un cigarrillo y escuchaba sus boleros preferidos. Se sonrío al ver que la luna esa noche le guiñaba un ojo, el lucero titilante que estaba a su lado la hacía más clara y le repetía con cada destello que su ama tenía razón. Todo lo que en ese momento pasaba por su mente lo podría lograr, sólo tenía que dejar los escrúpulos a un lado y lanzarse a la aventura.

Estaba saliendo con un tipo buenmozo, medio insípido, profesional e inmaduro. Quizá si le ponía sabor al asunto saldría algo bueno pero no quería correr riesgos que quizás le cambiarían su tranquilidad por angustia. La amiga confidente al enterarse del romance en puerta se puso en su lugar y le dijo: arriésgate, yo que tú me dejo atrapar, no importa si después tengo que recoger los vidrios.

Eso era precisamente lo que no quería, recoger cristales rotos. Lo que deseaba en ese momento era que los demás padecieran un poquito lo que muchas veces a ella le tocó superar con la ayuda de pastillas y sicólogos. Perdonar no es muy fácil sencillamente porque la venganza es muy dulce pensó, así que a partir de mañana seré hombre, me comportaré como hombre, sí, seré hombre con todas sus implicaciones.

Al día siguiente se levantó ojerosa, casi no durmió maquinando cómo cambiaría su estilo de vida, primero su vestimenta, luego su caminar y sus gestos. Tendría que ser más coqueta, atrevida, mentirosa, discreta y a no tener piedad con él enemigo. Lo que venga bienvenido será.

La primera llamada telefónica fue para el insípido, con voz dulce y aniñada le dijo que había soñado con él y deseaba verlo. La cita acordada fue para las 5 de la tarde. A las 4:30 lo llamó nuevamente para decirle que había surgido un inconveniente y quedó pendiente la salida. Recordó a su abuela paterna que siempre decía “hombre no deja mujer”, así que marcó el número de un ex novio y éste, viendo la posibilidad de una noche sin compromiso aceptó.

Bailó, bebió, comió y además gozó como nunca. En el hotel no faltaron las frases trilladas: eres el mejor amante que he tenido, besas rico, me excitas muchísimo, siempre te extrañé, nadie lo hace como tú, etc. ¡Por fin sexo sin amor! Cansada del goce durmió toda la noche como un angelito y lo mejor de todo, sin remordimientos. La despedida estuvo llena de promesas. Estaban pendientes.

Se aprendió todas las posiciones del kamasutra. Comenzó a frecuentar cafeterías, restaurantes, iglesias, mercados, centros comerciales, todos los espacios donde podía encontrar presas para el guiso. Que fácil le resultaba guiñar un ojo y tener quien le pagara lo consumido. Los hombres siempre pagan cuando quieren conseguir sexo fácil. Siempre estaba lista para la batalla. No faltaban nunca los preservativos en el bolso por si encontraba alguno que no estuviera prevenido al bate.

La agenda comenzó a llenarse de números telefónicos, nombres, direcciones y cuentas. Parecía un sudoku. Si salía con el insípido lo veía nuevamente en 15 días, al ex novio una vez al mes, los que más le gustaban tenían su día en la semana, los jóvenes tenían días especiales, los casados los jueves, los que sufrían de disfunción eréctil estaban resaltados en rojo y no repetían. Las excusas siempre la dejaban bien parada: mucho trabajo, hay que entregar un informe y estoy muy atareada, tengo la regla, me duele la cabeza, voy al cine con mi hermana, hay un entierro, una misa, etc. Así continuó con su vida llena de sexo animal. Solo disfrute, nada de encariñarse y ponerse melosa o celosa, mientras peor los trataba más querían con ella y algunos llegaron hasta a pedirle matrimonio. El celular nunca dejaba de sonar. Llegó a conocer los mejores hoteles y lo mejor de todo fue que ahorró mucho dinero porque algunas veces hasta cobró.

Así transcurrió mucho tiempo entre tantos devaneos y conquistas efímeras. Su cuerpo comenzaba ya a pedir descanso. Sentía que había cumplido su cometido, era hora de poner orden y volver a su antiguo cuerpo de mujer recatada. Sacó su agenda y empezó a calificar a los que lo hacían bien, regular pero románticos, bien y con humor, regular pero inteligentes, así estuvo entretenida hasta que se decidió por el menos pensado: el insípido.

No dudo en llamarlo, de antemano sabía la respuesta. Le propondría matrimonio y el muy tonto diría que sí. Y así fue. Volvió a ser mujer.

Actualizado ( Martes, 03 de Marzo de 2009 11:06 )  


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