• Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Home Columnistas RAPIDITO

RAPIDITO

E-mail Imprimir PDF

COLUMNISTAS


Elinor Herrera

¡Rapidito, rapidito, hazme tuya! Aquí, bajo esta mata de mango. ¡Rapidito, rapidito porque nos pueden ver! Era una orden y pensaba obedecerla. La veía respirar encima de él, toda desnuda, parecía que se lo iba a devorar con sólo abrir las piernas, sólo tenía una cinta que amarraba su cabello en una cola, lo tenía negro liso como para una propaganda de tinte, los labios carnosos y gruesos, las piernas fuertes y largas y una cintura envidia de muchas. No sabía cómo reaccionar, era tan bella y tanto su deseo que no quería quedar cómo un bobo sin saber qué hacer. Se sintió cómo la primera vez cuando la mujer, con la que su padre lo encuarto le dijo “eso siempre le pasa a los primerizos, otro día será”.

Esta vez tendría éxito. Iba a demostrarle a todos que cuando se quiere se puede. Cuántas veces había soñado y deseado ese momento y ahora, de repente no pasaba nada… no respondía.

Rapidito, rapidito que se hace tarde y me van a regañar, apúrate. Su cara estaba colorada de deseo, entre sus senos corrían gotas de sudor que ya estaban formando un río en su diminuto ombligo. El sol estaba como para secar ropa, sólo el árbol les brindaba un poco de sombra. Comenzó a sentir un sopor que lo envolvía y lo mojaba. Agua, quería agua, sentía que se quemaba. Jamás había sentido esos espasmos en su miembro. Una baba espesa comenzó a salir de su boca y se le pegaba en los pocos pelos del pecho. Tenía sed, sed de su cuerpo y de sus labios. En el pueblo no había una muchacha más linda que ella. Todos querían con ella pero ella lo prefirió a él. Le ardían las entrañas, las piernas, todo lo que le colgaba de la cintura para abajo. ¿Cómo le pasaban estas cosas cuando estaba a punto de coronar su sueño?

Rapidito, rapiditooo…, escuchó a lo lejos y algo lo estremeció. Al fin pudo abrir los ojos y se encontró con la mirada de la señora de la hacienda que, algunas veces, le daba de comer.

Entonces, cojo e` mierda tu no escuchas que te estoy llamando hace rato ¿ah? Tengo como media hora buscándote y tu echado bajo esta mata como si no tuvieras obligaciones. Menos mal que una pata no te funciona porque si no tendría que buscarte detrás del cerro. Párate que tienes que hacer el mandado de la tarde y busca la manera de enamorar, aunque sea a una loca, para que se te quite esa mala costumbre de andar por ahí con ese aparato levantado todo él santo día, y límpiate la saliva de la boca que parece hubieras estado comiendo tamarindo.

Actualizado ( Lunes, 09 de Febrero de 2009 07:44 )  


Design by i-cons.ch / etosha-namibia.ch