Elinor Herrera

¡Que fastidio! ¿Por qué no pudieron contratarlas para el día viernes? Ahora tendría que ir a trabajar trasnochado y cansado, pero qué importaba, el evento bien valía la pena. Desde que hicieron su primera aparición en el mundo de la música, no dejó de soñar conque algún día tendría la oportunidad de verlas personalmente para poder admirarlas en su totalidad.
Los ahorros que había hecho con sacrifico para viajar a México los gastaría con ellas, por supuesto si lograba convencerlas de su gran fantasía. ¡Esas muchachas lo cargaban loco! Qué importaba lo que decían las envidiosas; que si eran anoréxicas o bulímicas, que si tenían los senos operados y el pelo plástico, que si… Ah, ¿ y los tipos? Uno gay y el otro modelo, o sea casi lo mismo. El no iría por los hombres sino por las jevas, además el estadio estaría a reventar de pavitas bellas en busca de aventuras.
La cama estaba cubierta de afiches y revistas que había coleccionado durante mucho tiempo. En las entrevistas hablaban de sus sueños y tropiezos. Eran perfectas estas niñas. Miró el reloj. Seis de la tarde. Tenía tiempo suficiente para comer algo liviano y tomar un baño con exfoliación y masaje. El show comenzaría a las 9 pm. Se desnudó lentamente, invaginándose a sí mismo retozando en la cama con las tres. La delgadísima le besaba el cuello, la carita redonda lo hacía en el ombligo y la pelo negro cabalgaba sobre él. La combinación perfecta. El trío que amaba en silencio. Se tocó. Estaba excitado. No, no podría. Debía guardar las energías para la noche. Se miró al espejo y se sintió deseable. Las féminas todavía volteaban a verle, claro las cuarentonas, bien lejos con esas. Lo suyo era una jevita.
Ya en el baño, frente al espejo, se humedeció la cara, se colocó algo de espuma old spice y procedió a afeitarse. Se miró el pecho peludo y no lo pensó dos veces, que caray hoy el pecho se usa lampiño y también se lo rasuró. ¿Y las axilas? Se colocó algo de espuma y zuas. Adiós vellos. ¡Quedó bello! Sintió ardor y vio sangre. No podía ver sangre. Estaba a punto de desmayarse. Se había volado un lunar que tenía en la axila derecha y no lo sabía. Se calmó un poco, agarró el frasco de pino silvestre y dudo entre éste y el de agua brava. Que importaba, los dos eran perfumes para hombres. Se colocó un poco. Se paró la sangre. Abrió el grifo de la regadera y comenzó el rito del baño. Se lavó el cabello, Caramba lo estaba perdiendo muy rápido, buscaría una loción para retenerlo por más tiempo, si no usaría un bisoñé. Se miró las piernas. Hoy todo se usaba desprovisto de vellos, eso era en otros tiempos que lo peludo le daba nota a las mujeres, así que buscó la afeitadora y las piernas también quedaron lampiñas. No hubo orifico que no se lavara, parecía un baño de novia a punto de casarse. ¿Si me sale fogueo? Pensó. Se restregó hasta quedar arrugado de tanta agua. Era el hombre de los tres polvos: mennen, mexana y borocanfor. Se entalcó desde el cuello hasta los pies, el mexana en las axilas, ya que no podía usar desodorante pues le ardían y el borocanfor en los pies. Se colocó gelatina en el poco pelo que le quedaba. Se veía regio. Abrió el closet y se quedó asombrado. ¿Cómo pudo olvidar ese detalle tan importante? La ropa que veía no estaba acorde para la ocasión. Ya no tenía tiempo para comprar algo nuevo y más moderno. ¿Cuál de las dos franelas escogería ahora? ¿La que decía Beatles o Rollins Stons? Optó por los Beatles y un pantalón azul claro de poliéster muy ajustado y unos botines negros de tacón. Creció cinco centímetros. Eran ya las 8:30. Buscó las llaves de su chevetico y salió raudo y veloz hacia el estadio donde se encontraría con las mujeres de su vida. Iba que se lo llevaban los vientos. ¡Por fin! Iba a encontrarse con las jevas bellas. Había una cola larguísima para entrar. Menos mal que había comprado la entrada hacía varias semanas.

Unas chicas al verlo se sonrieron entre ellas y una susurró “mira un pavosaurio” Ah, lo llamaban pavo y ¿saurio? ¿Eso con qué se come? Debe ser lo que está de moda. Le tocó la tercera fila de la primera grada. Buen puesto para admirar, o quizá tocar, a sus chicas favoritas. Se encontraba en el propio paraíso rodeado de gente joven, muchas adolescentes, y sobre todo féminas. Por ahí vio a unos tipos que parecían veteranos y hasta le hicieron ojitos. Era que estaba apetitoso, se sentía apetitoso. De pronto la gente comenzó a gritar y aplaudir porque se tardaban en aparecer. El grupo se estaba haciendo esperar. Se formo una algarabía. Se encendieron las luces y la música comenzó a sonar. Brotó un humo espeso en el centro del escenario y aparecieron como por arte de magia. ¡Se iluminó todo! Las tres estaban como se las habían recomendado, pechugonas, simpáticas, con poca ropa, moviendo los cabellos, meneando las caderas… Oh las caderas… Su fantasía se hacía realidad. El nombre lo tenían bien puesto RBD, retozar bien duro. Fue entonces que sus ojos se fijaron en el cantante pelo pintado llamado Christian. Sintió como su miembro se irguió y comenzó a temblar. Era hermoso, bello, atractivo y no supo cuándo ni cómo empezó a saltar y a gritar Christian, Christian, Christiaaaan te amo. ¡Quiero ser tuyo! Le lanzaron algo duro a la cabeza, sintió un dolor agudo y lo último que escucho fue ¡cállate viejo marico!





