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Alexis Fernández Sequini

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Francisco Arévalo

Francisco Arévalo (San Félix, 1959. Poeta, Novelista, articulista de prensa. Autor de las novelas La esquizofrenia de las golondrinas (Premio Fundarte, 1999), Adiós Matanzas en invierno (1999) y Tropiezos en el campanario (2008), así como de los poemarios Brote (1989), Nadie me reina en estos parajes de hormigón (1993), Sur (1995), Alcoholes de otra iglesia (1996), Algo más que baladas agridulces (2001) y Agrio de Colmena (2001), entre otros

ENTRETEXTOS

Alexis Fernández Sequini


No recuerdo en que momento me topé con Alexis Sequini, es posible que en una juerga o rumba de esas que suelen hacer los nostálgicos con música cursi de Trino Mora o las 4 monedas, ni hablar de Pecos Kanvas. Lo cierto que lo asocio a esa reconstrucción de la memoria que un poeta amigo conceptualiza como sarna, porque suelen ser los recuerdos una picazón del alma que se convierte en inventiva, en contar y transmitir una narrativa común que crea símbolos para que otros los recree, ese es el oficio.


sequini


Sequini empieza su cortejo con nuestra ciudad en el año 74 cuando lo enviaron como profesor de artes plásticas a la inclemente Ciudad Bolívar. De allí cuando podía se daba un salto a nuestros parajes de hormigón. Luego en son de trabajo estuvo frecuentándonos desde el año 1977 a 1982 para después anclar en 1999 por esas cosas abstractas que tienen que ver con estados sublimes del alma. Quiere o ama esta ciudad desde las esquinas de la creación y así lo ha demostrado a través de esculturas incrustadas en la zona industrial y el centro poblado al punto que junto a Luis Bellorín y al recién fallecido Eliezer Martínez, son los artistas plásticos radicados aquí que más obras tienen plantadas en nuestro complejo y dubitativo espacio urbano.

Estudió en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, durante 6 años, aprendiendo diversas técnicas de la mano de los maestros: Víctor Valera, Luis Guevara Moreno, Virgilio Trompiz, Pedro León Zapata, Omar Carreño, Régulo Pérez y Manuel Quintana Castillo. Mejores maestros e insuperable escuela, imposible. De allí que existe en el artista una base práctico-teórica que le ha permitido un nivel de versatilidad insuperable en nuestra región. Para otro artículo es su pasión por la literatura, es lector voraz que por supuesto enriquece sustancialmente su creación plástica. No en vano decimos de Sequini que es el MacGyver del arte, ante cualquier entuerto o cangrejo Sequini posee una salida creativa rápida o violentamente eficaz. Ya de otro orden es que es uno de nuestros pocos experimentados restauradores y de obras que existen en nuestra región, formado para tal fin. Con la delicadeza que amerita también es vitralista, en estos momentos trabaja uno en homenaje al gran artista vienés Gustav Klimt.

De su recorrido por Europa y Centroamérica trae un bagaje que se ve impreso en sus cuadros y esculturas, sus exposiciones en Venecia y Noruega, aparte de cierta práctica de trotamundo que hace del creador un ser de connotaciones multidireccionales que le permiten ser un pedagogo con auditorio, con cualidades que demuestra hoy día en la Escuela Armando Reverón que dirige el también artista plástico Miguel Pedriquez en el centro comunal de Villa Colombia, del que soy habitual por aquello de las conversas sobre literatura y cosas que hacen añicos la rutina de esta ciudad enmascarada que cada día que pasa reclama que la quieran con la intensidad que se ama una deseada hembra. Porque sin que me quede duda, en las ciudades se esconde cierta esencia de la femineidad por descubrir que reclama el cortejo con todos los ademanes que heredamos del medioevo.

Alexis Fernández Sequini es un agregado positivo -de los escasísimos que llegan- en el sincretismo cultural que se ha venido fortaleciendo en nuestra todavía joven urbe. Hace poco conversábamos sobre ciertas hembras voladoras que salen en las noches de esta ciudad de tréboles de 4 hojas que son tan peligrosas por aquello de que le pueden succionar hasta la sangre a los incautos. Cosas de vampiresas, de mujeres solas, amantes del peligro y material interesante para una saga climatizada en estos parajes de hormigón.

 


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