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Revolución fingida vs oposición maquiavélica

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Juan Guerrero

(Maracaibo,1954). Licenciado en Letras. Universidad Central de Venezuela. 1978. Asistente de la Cátedra de Literatura venezolana. Cursos de postgrado sobre Lengua y Literatura italianas. Universidad Italiana para Extranjeros, Perugia. 1999. Candidato a doctor en Filología Hispánica. Universidad de Oviedo-España.

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Lecturas de papel

Revolución fingida vs oposición maquiavélica

Leyendo parte de la historia de Venezuela de la época, entre 1850 y 1915, encuentro una serie de sucesos que parecieran repetirse ahora en este siglo XXI. De los gobiernos y personajes emblemáticos, como Páez, Antonio Leocadio Guzmán y Guzmán Blanco, Linares Alcántara, Zamora, Castro y Gómez, puede observarse una similitud en los actos que una vez más vuelven a repetirse en estos años. Sin embargo, con otros personajes y fechas, aunque siempre el escenario será el país sufrido y luminoso de día y los oscuros y promiscuos pasillos nocturnos, en la casa de misia Jacinta.

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Debe admitirse, aunque no sea del todo agradable, que todos estos y otros personajes, como los actuales, accederán a los registros de la historia nacional, unos con extensas líneas, otros apenas con dos o cinco párrafos. Lo que importa de ello es que así vamos construyendo nuestra historia: con asco y repulsión, con lágrimas y sonrisas, con anhelos y frustraciones y también con un profundo sentimiento de saber que nos agrade o no, esa es nuestra gente y esos son los lunares negros y blancos de nuestro cuerpo individual y social con quienes mantenemos un lazo indisoluble, porque es precisamente en la diversidad de la vida y sus actos donde podremos encontrarnos. No es tiempo de estarse preocupando de esta marginalidad de mensajes que no terminamos de digerir.

Es tiempo de ocuparnos de construir y afirmar en la trascendencia cultural y en los actos concretos de solidaridad entre hermanos. Atrás deben quedar los momentos de furia, ira e histerismo, de calumnias y vejámenes, de amenazas y fingimientos, de artificiales posturas de irreconciliables y falsas maniobras de líderes marginales que no terminan de entender a la mayoritaria población de seres concretos: pescadores, agricultores, panaderos, estudiantes, enfermeras, maestras, albañiles y cientos de miles de millones de ciudadanos venezolanos que lo único que deseamos es que nos dejen vivir con dignidad y decencia.

Ahora que he recorrido cerca de tres mil kilómetros por carreteras de este país, encuentro entre la gente normal una misma e intensa mirada. Esa que dice que seguimos vivos. Que a pesar de las dificultades, de la adversidad del momento está la disposición de mantenernos de pie a pesar de tanto maltrato de un gobierno obsceno y una oposición engañosamente oportunista y manipuladora. Observé por los pueblos del centro, occidente y oriente del país personas que se han tenido que organizar para fortalecerse como comunidad, que están limpiando sus propias vías de acceso. Que a pesar de su miseria a cuestas aún tienen suficiente decencia entre las manos para ser solidarios. Esta es la real y verdadera esencia de la cultura nacional, tan ajena y distante de los falsos revolucionarios de pacotilla y mentalidad cuartelaria, y dirigentes de una oposición que estructura sus estrategias a control remoto y que apenas está aprendiendo a subir cerros.

Antonio Leocadio Guzmán, con el oportunismo que le caracterizó, vuelve una vez más con otro rostro y otro disfraz, pero es la misma estrategia, la misma actitud y la misma semántica. También un José Antonio Páez que desea la inmortalidad en su caudillismo, ya sin caballo ni reloj de arena o leontina. Ahora viene en Airbus y dando la hora en su Rolex de factura europea, montado en un Bentley.

En resumen, siempre seremos nosotros, la normal población de anónimos ciudadanos venezolanos quienes tendremos que levantar este cuero duro y seco que es Venezuela. Alguna vez, en noventinueve o ciento veinte años, alguien leerá en la historia de Venezuela que una vez sus líderes y dirigentes políticos fueron moralmente dobles y sesgados: rígidos, altaneros y asexuados de día, y atolondrados, pervertidos y corrompidos por la noche.

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