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Quedarse con lo bello

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Milagro Haack

Milagro Haack, poeta, ensayista, artista visual, promotora cultural. De profesión Terapista Ocupaciona. Ha publicado los libros de poesía:• Temple Ajeno. 1990.
• Puertas que no me Pertenecen. 1991 (Mención Honorífica Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra 1987-1988).
• Luto de otra Boca. 1992.
• Cuarto de Ceniza. 1994.
• Cenizas de Espera 2003.
• Cinco mañanas juntas 2003.
• Lo callado del silencio (2004).
• Carta de pasar en silencio Narraciones (en imprenta)
• Cenizas de Espera (segunda edición en imprenta)


Recados Menores

Quedarse con lo bello


A Rosita y Godofredo Cedeño

la-llovizna

Vivir es un don, tener memoria visual es regresar a los espacios vividos y recorrerlos con la sabiduría de los encuentros. Los traslados tienen su magia, ellos son una referencia del dibujado signo para el continuar sin olvidos de un cruce de camino.
A través de una fotografía, pueden llegarte aromas del recorrido, la vida no se detiene y eso es lo maravilloso de ella. El instante, quizás las referencias pierdan un poco de color por el tiempo pero no la esencia del lugar, saber estar con seres dadores de la sana sencillez, sobre todo esa prudencia de saber entrar en otros universos de historias personales compartiéndolas sin quejas y eso lo da el afecto, el que vive rodeado de afecto.
Es muy agradable palpar este ir, volver a sentir lo cálido de recibimiento de una campana que llena de flores el perfil de la puerta. Una puerta abierta para los buenos piensos, para la música siendo parte de la tarde, la tarde de todos. Quizás nunca lo expresé nunca dije que estar era volver a mi ciudad natal, con mi profesora de ballet y danzar por la calle en pensamiento con el puro viento. Eso sentía, eso me daba escuchar los tonos mientras pasaba por la casa de Rosita, esperando que terminara sus clases para respirar al verla despedir a sus alumnos, sentirla en su universo musical empapando la vida. Su piano comunicaba la consonancia desde su lugar especial donde se podía sentir la afinidad del arte en tiempos de nacimiento de una ciudad. Vivir en Puerto Ordaz sin duda fue majestuoso por el matiz eco transferido hacia el cerro con su mar de cerca, por personas que en algún momento la palabra llegaba igual que la música para guardar lo bello en el alma.
Saber mirar el abrazo de la dirección inacabable del río, la belleza de compartir el tono por silencio. Por ese allá todo el sonido era personal, llenaba los patios de frescura cuando la altura era un intercambio de culturas. Cada sitio tiene una cualidad y no necesariamente los habitantes del mismo se dan cuenta de esa belleza con voz propia rodeando el respiro universo por una sola calle. Muchas cosas puedo percibir a través de una imagen, sin embargo el sonido abre este movimiento en el rostro del viaje sostenido de una pieza sin montañas caminando por el asomo de una hebra que vibra por lo infinito de su llovizna.
La familia es vital, la cultura y la forma de vida es el crecimiento de la misma. Todo se extiende en la unidad sin olvidos cuando el afecto permanece y eso si es valioso, dándote ese sabor de que todo el centro está en una casa con la calidez de una gran sonrisa desde su entrada. Da gusto recorrerla de nuevo, aunque sea otra por este hoy, sin embargo la autenticidad de la vida no cambia y las personas siempre son como han pensado siempre. Recuerdo que mi compadre Godofredo era de poco charlar, sin embargo, mi respeto afectivo permanece, fue referencia para construir un círculo entre lo externo y lo interno. Por eso su casa es un templo y estoy segura de ello. Todo es significativo, revelador para dar gracias al ver caer otra tarde, observando palabras que dejo rozando la armonía siendo el tesoro de quedarse con lo bello.

Actualizado ( Jueves, 08 de Septiembre de 2011 09:27 )  


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