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Dos poetas para no olvidar

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Francisco Arévalo

Francisco Arévalo (San Félix, 1959. Poeta, Novelista, articulista de prensa. Autor de las novelas La esquizofrenia de las golondrinas (Premio Fundarte, 1999), Adiós Matanzas en invierno (1999) y Tropiezos en el campanario (2008), así como de los poemarios Brote (1989), Nadie me reina en estos parajes de hormigón (1993), Sur (1995), Alcoholes de otra iglesia (1996), Algo más que baladas agridulces (2001) y Agrio de Colmena (2001), entre otros

ENTRETEXTOS

Dos poetas para no olvidar

Alìs Darnott y Sami Anderi González son dos poetas ligados a nuestra ciudad de manera indisoluble, cada uno con una manera particular de abordar la poesía, pero sobre todo los dos creían en la palabra fervorosamente, haciéndola en parte de sus vidas. Por estos días me han estado rondando sus pertenencias (libros), que me han llevado a recordar pasajes, incordios y confraternidad.
Alis Darnott murió de una manera violenta e inesperada (accidente de auto), mientras que Sami se fue apagando poco a poco rodeado de familia y amigos. La nostalgia tiene un tanto de cursilería en el fondo, más para recordar a estos panas no me avergu?enza en lo absoluto, porque ellos fueron parte de la familia que yo escogí y que ahora tan sólo me ha quedado en la testa las largas conversaciones sobre literatura, política y hasta de cocina. Sami Anderi González, nació en Caicara de Orinoco (1942), comenzó como articulista en el diario Antorcha de El Tigre, en 1970 se radica en San Félix. El diario Correo del Caroní le abrió sus puertas en las páginas de opinión a través de sus columnas Tiempo de Reflexión y Una Cuartilla al Viento. Fue presidente-fundador de la Asociación de Escritores Guayana-Sur desde donde estimuló la lectura y la creación literaria instituyendo la Bienal de Poesía Alejandro Natera. En vida publicó el libro de poesía De la Soledad, Los Sueños y La Angustia (1990), poemario que es un recorrido por los vericuetos del amor y las posibilidades dl sobrevivir con ellos y en el cual se pueden apreciar preocupaciones que van más allá de la rutina que nos atosiga, por suerte yo hice de curador de esta publicación y compartí con él la euforia del primer libro impreso. La mayoría de su obra se mantiene en manos de su familia inédita, estaba siempre dispuesto a conquistar e hizo de la poesía una carta de presentación y alegría, me comentaba que escribía o emulaba a los viejos bardos quienes vivían en sus palabras diariamente, amigo solidario hasta el fin.
Alis Darnott fue quien me estimuló y me convenció para que continuase escribiendo, decía que yo podía llegar lejos (no sé que él entendía por lejos porque sigo en el mismo lugar, un tanto más viejo), pero gracias a su insistencia fue que gané mis primeros premios y por supuesto las primeras publicaciones. Solía ser en ocasiones exasperante pero en el fondo era una coraza contra una ciudad que amaba y odiaba sin código ni variación, era cáustico y sardónico contra la gente de mentirita, que si estuviera vivo pudiese apreciar que se han multiplicado como la verdolaga. Eso lo llevó a ser incomodo e intraficable, pero en el fondo era un poeta que vivía la angustia de saberse en una ciudad que no dejaba mucho para las cuestiones del espíritu mucho menos para las artes y quienes las trabajaban. Aprendí de Alis a guardar silencio mientras otros hablaban la paja pareja,
gozaba un mundo con su cara de supino, era un maestro de la burla de altura y disfrutaba cuando la gente creía que desconocía algún tema. Era un desordenado adrede, un provocador y mi amigo, su poesía surrealista tenía mucho de su plan existencial breve.
Nació en Pompeya, 1950 (pueblo desaparecido bajo las aguas de Guri), El Manteco, Edo. Bolívar. Ejerció el Periodismo de opinión en los diarios El Expreso y La Tarde de Ciudad Bolívar. Publicó los libros de poesía: Las Bestias También se dan Golpes de Pecho (1982); El Lobo de mi Sangre (1985); Ante el Extraño Feto (1985). Y los libros sobre artes plásticas: 42 Pintores (1986) y Pintores Tachirenses (1987). Como también sucede con Anderi su familia mantiene buena parte de su obra inédita.
Una reflexión final que tiene que ver esencialmente con la ignorancia adrede de la que últimamente hacemos uso cínicamente, no es justo que estos escritores no aparezcan en ningún catalogo ni sean referencia en esta ciudad cuando su vida intelectual fue desarrollada en la misma, podemos estar o no de acuerdo con la obra que desarrollaron, lo justo es que las instituciones que se encargan de fomentar la cultura y las artes se aboquen urgentemente a publicar la obra de los mencionados. Hasta cuándo vamos a seguir con ese jueguito peligroso de la desmemoria, que a fin de cuenta a quién le da dividendo. La recién estrenada Secretaría de Cultura, debería apartar recursos para desempolvar el proyecto de la Biblioteca de Autores Guayaneses que debe estar en las gavetas añosas de esa dependencia, sobre todo ahora que la Gobernación de Bolívar tiene hasta una imprenta con tecnología de punta. Nada más, "negocios", calipso, jolgorios, empresas y paisajes es este estado, también están los escritores y poetas desaparecidos físicamente a la espera que se les recuerde y se les reafirme con publicaciones que dignifiquen esta tierra y su memoria.

 
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