• Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Home Columnistas Dos maestros

Dos maestros

E-mail Imprimir PDF

Francisco Arévalo

Francisco Arévalo (San Félix, 1959. Poeta, Novelista, articulista de prensa. Autor de las novelas La esquizofrenia de las golondrinas (Premio Fundarte, 1999), Adiós Matanzas en invierno (1999) y Tropiezos en el campanario (2008), así como de los poemarios Brote (1989), Nadie me reina en estos parajes de hormigón (1993), Sur (1995), Alcoholes de otra iglesia (1996), Algo más que baladas agridulces (2001) y Agrio de Colmena (2001), entre otros

ENTRETEXTOS

Dos maestros

En literatura es peligrosísimo vivir a la moda, porque es harto sabido que las modas pasan y con ellas cierto sentido de trascendencia.

Arreglar el pelo a la moda y vestir a la moda no es igual que escribir a la moda, sobre todo si no deja ni recuerdos. Cuántos escritores están archivados y sólo son un referente nostálgico de un tiempo y un espacio que trae consigo el vacío, la obsolescencia, y la decadencia.

Se tiene que escribir tomando el tiempo en cuenta pero dejando claro que ese registro es para la posteridad y no por el simple capricho que impone un mercado de baratijas y pajas seudoliterarias que a fin de cuenta no terminan convenciendo a nadie, porque lo hecho termina en titubeo, principio y fin de la insipidez. Se escribe porque eso está implícito en el plan de vida del autor, con las angustias y preocupaciones que lleva consigo construir una obra que tenga voz y sello propio. Quién se atreve a quitarle lo bailado a un Rómulo Gallegos; Adriano González León o Andrés Eloy Blanco, por el lado venezolano. Ernesto Sábato y Julio Cortázar, crearon a partir de unas realidades asfixiantes que tenían mucho el desarraigo y reivindicación de la condición humana como motivo o pretexto. Quién osa decir que carecen de vigencia y que están alejados de la realidad que hoy vivimos, quien lo diga que se esconda porque sencillamente es un ignorante, cuando no un prejuiciado o un militante de la Triple A, responsables de muchos desaparecidos y torturados en Argentina. Pero el que creo más trascendente y vital de nuestros escritores latinoamericanos es Jorge Luis Borges, fue funcionario de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y los adláteres de ese prócer del populismo llamado Juan Domingo Perón lo trasfirieron como fiscal de un mercado de la periferia bonaerense, cosa de incomodarlo por lo incomodo que fue, por supuesto que Borges consagró su obra y los comisarios políticos de Perón ni polvo ni hormigas.

Hace poco asistí a una librería capitalina que tenía en oferta las obras de la editorial Alfaguara, no pensé dos veces para comprar una novela hasta hace poco inédita , del narrador más emblemático de Chile, me refiero al maestro José Donoso, titulada Lagartija sin cola.

En 230 páginas pude disfrutar una vez más de ese sello personal que me cautivó cuando era adolescente y ya adulto a través de sus novelas. Es una trama de construcción irregular que se sumerge en la desvalorización del arte y la identidad, a la que el éxito transforma en residuales. Es la vida de un derrotado y escondido pintor que construye su mapa memorioso a partir de su fuga a un pueblito barcelonés en compañía de su amante. Desde allí intenta rescatarse de los avances de la modernidad, a su familia que cae irremediablemente en las garras de la decadencia. Esta novela a pesar de haberla escrito en 1973 mantiene una vigencia y un tratamiento lingüístico que no dudo en catalogar de homenaje al lenguaje, agradecimiento mayor por el idioma castellano, demostrando una vez más que la buena literatura es atemporal y convincente en el tiempo.

Juan Carlos Onetti, uruguayo, autor de las novelas El Astillero, El Pozo y Juntacadáveres. Obras que tuve el placer de leer cuando fueron publicadas en la colección de narrativa latinoamericana de la editorial colombiana La Oveja Negra, en el primer lustro de los años 80. Si hay algo que caracteriza a Onetti es que sus tramas son desarrolladas en la bruma para que el lector agudice su comprensión. No se puede leer a este autor si no hay una concentración que raye lo absoluto.

También es un maestro que toma al lenguaje como instrumento decantado hasta donde más se puede para así adentrarnos en sus laberintos de corte psicológico. Le comentaba hace poco a una amiga que el mejor ejercicio para distraer el alzhaimer es una obra de Onetti, al mínimo descuido quedas ido del hilo de construcción de la trama, ocasionando una vuelta hacia atrás. Autor exigente que por supuesto en estos tiempos de facilidad maquillada y lectores cool, resulta bastante incómodo. Pues bien Alfaguara acaba de publicar Cuentos Completos, 490 págs. Algunos estaban olvidados en ediciones añosas de periódicos y que hoy han sido rescatados, demostrando una vez más su vitalidad y vigencia, de otro orden lo que ya comenté, en la literatura de verdad las modas no existen, para muestra estos dos maestros.

Actualizado ( Viernes, 22 de Abril de 2011 10:11 )  


Design by i-cons.ch / etosha-namibia.ch