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Fuera del Instituto Benjamenta

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Carlos Yusti

(Venezuela, Valencia, 1959)

Escritor y pintor. Dirige, conjuntamente con la periodista Virginia Gudiño, la revista Fauna Urbana. Coordina y diseña la revista digital Arte Literal. Colabora para las revistas digitales Venezuela Analítica, Ficción Breve, Escáner Cultural, Letralia, Cayo Mecenas; con el suplemento cultural “Letra Inversa” del diario Noti-Tarde. Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); y Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) son sus dos últimos libros publicados.

 

 

 

Fuera del Instituto Benjamenta


Desde la niñez hasta la pubertad uno se siente vigilado. Familiares y conocidos de la familia sueltan tras tus pasos la jauría rabiosa de las expectativas. Todos desde que uno da sus primeros pasos hasta que pisa la dudosa luz de la adolescencia barajan los naipes de todas las posibilidades y en vilo esperan que uno madure, se vuelva responsable, termine una carrera, en fin que sea “algo” en la vida. Te educan, recortan tus uñas de los malos modales de tu espíritu, te acicalan el alma y te anulan como ser creativo hasta que uno termina como un don nadie con horario de oficina, un perro, mujer, unas pantuflas e hijos (no siempre en ese orden), es decir como un hombre de bien.
Recordar a ese pobre chico de la novela de Herman Hesse, “Bajo las ruedas”, es inevitable. Hans Giebenrath, un adolescente de un pueblito rural cuya aplicación en los estudios le permiten ser seleccionado para presentar el examen de admisión en un seminario en otra ciudad. El chico luego de una extenuante preparación y bajo mucha presión sale airoso del examen y comienza sus estudios. Conoce a otro estudiante algo descuadernado quien lo ilumina sobre las posibilidades aleatorias de la vida. Claro el chico se descarrila y envuelto en la depresión deja los estudios y vuelve al pueblo para convertirse en un bueno para nada que ya no despierta interés alguno.
El escritor Enrique Vilas-Mata en la 69ª Feria del Libro de Madrid, quien ante la pregunta ¿Qué personaje de la literatura le hubiera gustado ser?, respondió: "Jakob von Gunten, de Robert Walser, es un personaje que entra en un instituto donde enseñan a los ciudadanos a ser unos rotundos don nadie, hombres sin atributos de este mundo actual. Todos somos Jakob von Gunten que me niego a decir, pero digamos que me contento con decir que yo soy Jakob von Gunten al servicio de ustedes, como siempre".
La novela Jakob von Gunten, de Robert Walser, tiene como escenario el Instituto Benjamenta. Un centro de enseñanza algo inusual donde el alumnado, admiten solo varones, aprende a ser obediente y obsequioso, cualidades que le permitirán a los jóvenes estar al servicio de otros y aspirar a trabajos subalternos. La novela se inicia con: “Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada; es decir, que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito”. Estructurada desde la voz de Jakob, quien con humor describe sus días en el instituto y el carácter de algunos de sus condiscípulos. Tanto Jakob como Hans son chivos expiatorios de la educación uno por carencias y el otro por excesos.

He leído en la Internet sobre un país (sin duda invento de algún internauta) que se jacta de ser un territorio libre de analfabetismo, que ha creado varias universidades como por arte de magia. No hay profesores, sino facilitadores que a través de películas imparten las materias. El resultado es que en un semestre se gradúa un arsenal de personas en periodismo, enfermería, etc. Al margen de que algunos detractores señalen cantidad por calidad es necesario admitir que ese es un país con futuro ya que estos nuevos graduandos forman parte de ese selecto club del Instituto Benjamenta.

La explicación a todo este intríngulis podría estar en un sueño que tiene Jakob von Gunten: “…Soñé que me había convertido en un hombre muy malo, perverso, ¿cómo así?, no lograba explicármelo. (…) Estaba gordo y, por lo visto, las cosas me iban viento en popa. Anillos centelleaban en los dedos de mis deformes manos, y de mi barriga pendían, negligentemente, quintales de carnosa dignidad. Me sentía plenamente autorizado a impartir órdenes y dar rienda suelta a mis caprichos. A mi lado, sobre una mesa ricamente servida, brillaban objetos dignos de una voracidad y dipsomanía insaciables, botellas de vino y licores, así como los más refinados platos fríos. (…) En los cuchillos y tenedores se habían pegado las lágrimas de mis enemigos ajusticiados, y al tintineo de los vasos se unían los sollozos de innumerables desgraciados; sin embargo, las estelas de las lágrimas sólo me hacían reír, mientras que los sollozos de desesperación adquirían un sonido musical a mis oídos. Necesitaba música para amenizar el banquete, y la tenía. En apariencia, había hecho excelentes negocios a costa del bienestar de otros, lo cual me producía un gozo profundo y visceral”.

Desde hace mucho rato que estoy fuera del Instituto Benjamenta y hoy sólo busco desaprender todo lo que me enseñaron o lo que a regañadientes he aprendido. Además el aforismo de Gesualdo Bufalino puede servir como salvavidas para no convertirnos en otras víctimas de la educación formal como Jakob o como el pobre Hans: “Mi incompetencia en el vivir roza lo sublime”.

Actualizado ( Viernes, 18 de Junio de 2010 20:44 )  


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