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POLÍTICOS, POLLOS Y HOMOSEXUALIDAD

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Carlos Yusti

(Venezuela, Valencia, 1959)

Escritor y pintor. Dirige, conjuntamente con la periodista Virginia Gudiño, la revista Fauna Urbana. Coordina y diseña la revista digital Arte Literal. Colabora para las revistas digitales Venezuela Analítica, Ficción Breve, Escáner Cultural, Letralia, Cayo Mecenas; con el suplemento cultural “Letra Inversa” del diario Noti-Tarde. Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); y Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) son sus dos últimos libros publicados.

 

 

 

POLÍTICOS, POLLOS Y HOMOSEXUALIDAD



Los politicastros de oficio, en el poder o en las orillas, no pierden ocasión para soltar sus sandeces a los cuatro vientos. Eso de Evo Morales y los pollos como causantes directos de la homosexualidad masculina es apenas un hilo de un inmenso ovillo de disparates y deslices verbales en la que incurren políticos de todo pelaje.

Seguro que estas ideas peregrinas le vienen de escuchar a la cohorte de vividores que pululan por los pasillos del poder contando anécdotas y dislates, con ropajes de erudición made in Google, como esta de los pollos, para parecer ingeniosos, inteligentes e instruidos y por lo tanto imprescindibles para darle pompa a toda esa parafernalia del poder.

Se cuenta que cierta vez Séneca estuvo en una velada en la que Néron, que además gobernaba Roma, tocaba la lira de manera terrible. Al terminar el emperador le preguntó a su filósofo y mentor que le había parecido la interpretación. Séneca sabía que una respuesta negativa le haría perder sus prerrogativas con el gobernante, pero un devaneo lisonjero lo evidenciaría como un adulante oportunista. El filósofo se concretó a decir: “Estimado Nerón, sólo tus manos podrían crear semejante melodía”. Como nuestros políticos no tienen un filósofo cerca echan mano de eso que se llama séquito de adulantes en las tertulias tras bastidores.

Cuando los politicastros meten pie en sus alocuciones públicas más que odio causan pesadumbre ajena. Los políticos, de los países que sean, son unos personajes que mueven a la risa, bufones autistas, payasos ágrafos a quienes le leen solapas de libros, les escriben los discursos y le proporcionan cucharadas de cultura general para que salgan al ruedo mediático y que Dios los ampare. Con una cultura de hágalo usted mismo los políticos de oficio se creen unos estadistas predestinados a llevar el mundo por otros rieles. Se piensan con potestad de opinar de lo humano y lo divino sin mediar sus limitaciones intelectivas y aunque no han leído el Quijote lo citan con desparpajo, también hacen otro tanto con Marx, pero hablan de marxismo como el que más. Son unas caradura que han leído poco y escuchan mucho. Hoy son los pollos, mañana serán los extraterrestres, luego serán los alimentos transgénicos, después la clonación y en ese plan. Los políticos siempre están a la espera del momento oportuno para lanzar sus proyectiles verbales y dar en el blanco de la estupidez con alfombra roja y discurso de orden, pero estupidez al fin.

Platón quería que gobernaran filósofos. José Ortega y Gasset decía “…no pidamos tanto, conformémonos con que sepan leer y escribir”. Y que no abran la boca. El silencio para el budismo Zen es un alto estado de sabiduría y pasar por la vida como una sombra revela un alto estadio del saber: “Las sombras del bambú están barriendo las escaleras,/ pero no se agita el polvo./La luz de la luna penetra hondamente en el fondo del estanque, pero en el agua no quedan rastros”. Si esto no es suficiente para que los políticos cierren la boca quizá lo dicho por Groucho Marx podría ser convincente: “Es mejor estar callado y parecer idiota que hablar y despejar las dudas definitivamente”.

Actualizado ( Viernes, 07 de Mayo de 2010 09:31 )  


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