
Néstor Rojas
(El Tigre, 1961) poeta y escritor venezolano, con más de quince libros publicados, en los géneros poesía, narrativa y ensayo. Actualmente es director de Turismo en la alcaldía de Heres. Comparte sus días entre dos orillas orillas: Anzoátegui y Bolívar. El Orinoco es la frontera de sus travesías.
Columnistas
La prensa, el poder y el dinero
"La Prensa, el Poder y el Dinero" es un libro indispensable no sólo para la formación del periodista, sino también para los lectores y articulistas de la prensa escrita y para todos los usuarios de la información, pues recoge interesantes tópicos relacionados con el papel capital de la información, la misión del los periodistas como una cuestión de dignidad, la defensa de la libertad y la democracia y el derecho a la información, como servicio de interés público.
Su autor es Jean Schwoebel, doctor en Derecho, periodista y poeta que perteneció al cuerpo de redactores de "Le Monde"; se distinguió como presidente de la Federación Francesa de las Sociedades de Periodistas. Schwoebel dedicó su vida a las labores de la Prensa, con una destacada actuación profesional y una preocupación intensa por la dignidad y el deber de todo periodista.
Recientemente releí "La Prensa, el Poder y el Dinero". Su relectura me hizo comprender ciertas cosas relacionadas con la información, con la verdadera misión de la prensa y de los periodistas. En este libro su autor plantea que ahora más que nunca la supuesta libertad de prensa está sometida a la servidumbre financiera. "La información ha adquirido hoy otra función lejana a la de un servicio de interés público".
Plantea, también, cómo los propietarios de los periódicos se comportan más como empresarios comerciales de una mercancía llamada información que como abanderados de la libertad de expresión, que con frecuencia invocan en congresos, banquetes y seminarios y que es, en realidad, la libertad de "informar" como ellos quieren y bajo sus condiciones. Así mismo, cuestiona la dependencia del periodista al comercio, a la política, al Poder y a los intereses privados. Según Jean Schwoebel, no es absolutamente cierto que hoy en día la Prensa, y los periodistas, están jugando un papel importante en la formación de los ciudadanos y están contribuyendo tanto a la salvaguardia de las libertades como a la defensa de los intereses públicos.
"El Poder y el Dinero -precisa- influyen en la orientación y contenido de los diarios. (...) Mas grave que una censura de prensa, declarada o encubierta, es la presión que, quien sea, puede ejercer a través del papel, de la publicidad, tanto si es por designio político, como por interés industrial..."
Para Jean Schwoebel, el problema de la independencia de la prensa se inserta dentro de la libertad de la información. Cuando la información es habitualmente filtrada o adulterada -en función de intereses privados o políticos- por quienes tienen el deber de proporcionarla, la independencia de la prensa es precaria nada menos que en la raíz de la información. Es opuesto a la libertad de información la complacencia, el halago sistemático al Poder y a los gobernantes, la actitud interesada del periodista que no ejerce su función con dignidad.
Una prensa independiente y consciente de misión como medio de comunicación social, tiene como tarea primordial e inexcusable la de informar con objetividad y opinar con independencia. También le compete a una prensa responsable, educar, orientar, estimular y fortalecer la Opinión Pública.
La información -recuerda Jean Schwoebel, es una de las ramas instructoras de la educación permanente. De hecho la información juega un papel capital en la consolidación de la democracia. Habría que preguntarse si no son la censura, la desinformación, la excesiva politización de la misión periodística y la pasividad acrítica de los periodistas las que están contribuyendo a la destrucción de nuestra democracia. Sería bueno una reflexión profunda al respecto. "Las sociedades -según declaración reciente de Huvelin- que no se apoyen sobre informaciones rigurosas, opiniones críticas, serán, más pronto o más tarde, eliminadas".
Es necesario que estos medios ocupen el lugar que les corresponde en esta sociedad alienada que requiere de orientación. Los tiempos están cambiando. Y es importante que asumamos todos el deber que tenemos en la conducción de este país resquebrajado. Están en juego muchas cosas. El destino de esta Venezuela nuestra está en peligro. Necesitamos líderes de verdad, que den el ejemplo con sus actuaciones. No payasos. Hay que asumir la política en serio. Ya basta de tantas ofensas. El chisme no ennoblece a un pueblo.
Hay periodistas con cualidades y virtudes que realzan el noble oficio del periodismo. Que no se someten a los intereses privados ni a los poderes públicos o políticos. Que van más allá de su misión de informar: cuestionan, critican y ponen en tela de juicio el "establishment", las estructuras sociales, económicas y políticas de un sistema corrompido basado en la injusticia. Nunca se venden por treinta monedas ni adulan la vanidad de los hombres ambiciosos de poder.
Para ellos el ejercicio del periodismo es cuestión de dignidad. No participan del "vedettismo" de la profesión y se hacen incómodos para los que nunca se ven en el espejo de su pequeñez. Para estos periodistas siempre está la verdad por delante. La sinceridad. La objetividad. Como principios.
El periodista, como comunicador social, debe ser capaz de comunicar los sufrimientos de los que padecen las injusticias, de los humillados y golpeados. Estoy convencido de que para un periodista lo importante es la gente, el pueblo, al que debe informar con claridad y sentimiento. Un buen periodista deber estar siempre a la altura de misión que le convierte en maestro y guía, en intermediario entre la verdad y el público, entre las realidades del mundo exterior y la intimidad de la conciencia de los hombres.





