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SERIES DE TV Y OTROS ARREBATOS

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Carlos Yusti

 (Venezuela, Valencia, 1959)

Escritor y pintor. Dirige, conjuntamente con la periodista Virginia Gudiño, la revista Fauna Urbana. Coordina y diseña la revista digital Arte Literal.  Colabora para las revistas digitales Venezuela Analítica, Ficción Breve, Escáner Cultural, Letralia, Cayo Mecenas; con el suplemento cultural “Letra Inversa” del diario Noti-Tarde. Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); y Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) son sus dos últimos libros publicados.

 

 

 

 SERIES DE TV Y OTROS ARREBATOS

Carlos YUSTI

 

“La televisión no nos habla de una visión, sino visiones. Elude la individualidad y deambula entre lo serial, lo continuo, el flujo. Su interés en contar relatos es periférico aunque promiscuo”.

Bárbara Kruger

 

La tele, ese es el apócope que pululaba por la casa en el barrio Bello Monte 2, de alguna manera aportó a nuestra vida cierta educación sentimental y algunos ingredientes foráneos para conocer nuevos personajes alejados de ese intrincado mundo de la literatura. Con la tele todo el universo imaginativo venía envuelto en la imagen y sólo era necesario mirar sin colocar nada en la balanza.

Las series televisivas fueron la alternativa cuando los ojos y la imaginación enrojecidos por la lectura no daban para más. La series fueron un paréntesis, un breve descanso del mundo intenso de los libros. Ganados para el bando de las historias y los cuentos plantarse en la pantalla de la tela era seguir leyendo en imágenes.

 

En mi niñez la televisión fue por un buen tiempo a blanco y negro, los discos eran de acetato y la política estaba atiborrada de las mulas enzapatadas de siempre, es decir esos personajes híbridos (entre el gangster de poca monta y el bocazas seudoevangélico) dispuesto a convencer a los demás que él es la tapa del frasco de la política nacional, su salvación o su salvoconducto a la felicidad plena. Como sea, la realidad siempre se presentaba con más color y amarillo número cinco que esa ficción televisiva con matices de negro, blanco y grises.

De la series televisivas de entonces “El fugitivo” con David Janssen encarnando al acorralado doctor Richard Kimble, acusado injustamente y perseguido por la justicia. “Combate” que en cada episodio traía los avatares de un contingente de soldados en la segunda guerra mundial, era protagonizada por Vic Morrow y Rick Jason. “Daktari” que era un veterinario, al parecer viudo, con sus hijos que se encargaba de cuidar a los animales en una reserva en África y mi personaje preferido era el León bizco. “Tarzán”, el primer y gran rey de la selva protagonizado por Johnny Weissmulle, quien terminó en un manicomio en Florida gritando como en la serie y las películas que filmó. El otro Tarzán era Ron Ely, la selva no era tan falsa como cuando Weissmulle se lanzaba por las lianas para enfrentar el peligro. “El agente de CIPOL”, protagonizada Robert Vaughn como Napoleón Solo y David McCallum como su compañero Illya Kuryakin. El agente Solo era una especie de OO7, pero un tanto Light. Entre las vaqueras mi preferida era “Bonanza”, un patriarcado western más rosa que “El Gran Chaparral” me gustaba el personaje interpretado por Cameron Mitchell y me fascinaba Victoria (Linda Cristal), mi primer amor frustrado de la TV ya que al parecer a ella le gustaban los hombres maduros y recios.

 

 

En mi etapa juvenil mi series predilectas eran “Viaje a las estrellas”, “Hechizada”, “Viaje al fondo del mar”, que me recordaba mucho las navegaciones del Nautilus y “Los invasores” de la cual me impresionó siempre ese inicio adictivo y enigmático: “Los invasores: seres extraños de un planeta que se extingue. Destino: la Tierra. Propósito: apoderarse de ella. David Vincent los ha visto. Para él todo empezó una noche en un camino solitario cuando buscaba un atajo que nunca encontró. Empezó con un merendero cerrado y abandonado. Empezó con un hombre tan fatigado que no podía seguir el viaje. Empezó con la llegada de una nave de otra galaxia. Ahora, David Vincent, sabe que los invasores han llegado, que se han adaptado al aspecto humano. En alguna forma, debe convencer a un mundo incrédulo de que la pesadilla ha comenzado”. Los invasores se podían reconocer porque estos no tienen ningún pulso o latido del corazón, Necesitan regenerarse cada pocas semanas para tener el aspecto humano, Cuando mueren, se incineran, no dejando ningún rastro, Alguna de ellos tienen un cuarto dedo transformado, cuando los hieren, no sangran, el oxígeno puro es fatal para ellos, no tienen ninguna emoción. Si algún parecido con su vecino es pura casualidad.

 

Hoy día la TV  es por cable y los aparatos parecen adminículos sacados de Viaje a las estrellas. No obstante las series se adaptan a los tiempos e implementan nuevos ingredientes para enganchar audiencias como son violencia, efectos especiales y quiebre con los prejuicios de siempre como la homosexualidad, el conflicto racial, el lesbianismo, etc. Asuntos que el marcantismo había prohibido.

Una serie cautivante fue “Los expedientes secretos X”, especie de invasores, pero en componenda con los humanos ha tramado una conspiración mayúscula. Protagonizada por David Duchovny y Gillian Anderson interpretan a los agentes del FBI Fox Mulder y Dana Scully, respectivamente, dedicados a investigar casos poco comunes y que se conocen como "Expedientes X". Otra serie interesante es “Escena del crimen” (CSI: Crime Scene Investigation),que combina todas las premisas de Sherlock Holmes con últimos adelantos en investigación forense. No me enganchó tanto “Lost” por su enrevesada trama con muchos personajes interactuando. Con “24” los agentes secretos ahora luchan, sin tregua, contra el terrorismo. Jack Bauer, interpretado por Kiefer Sutherland, a pesar de su licenciatura en arte y literatura inglesa y un master en ciencias, criminología y leyes, no se anda con sutilezas para cumplir su misión. Despiadado como pocos es el justiciero adrenalínico por excelencia. El “Doctor House” es una especie de “Dr. Kildare” pero del lado oscuro. House es amargüela, drogadicto y un tanto enrollado como todo genio. “Fringe” viene a ser una cruce de los expedientes X con “Dimensión desconocida”. Quizá la serie más oscura y espeluznante sea “Dexter”, personaje complejo por el cual el televidente cierta morbosa simpatía. Dexter Morgan es un despiadado asesino en serie cuya misión es acabar con los asesinos en serie. Ya con esto comienzan las complejidades del personaje, que (para completar la foto trabaja) en el departamento forense de la policía de Miami. Luego de sus brutales asesinatos Dexter entra de lleno en la normalidad: tiene una novia, una hermana y su vida cotidiana es más bien anodina. Esta dualidad es lo que asusta, porque de seguro que unas cuadras más allá, por la calle donde vivimos, hay un sicópata tramando su próximo crimen. 

No pretendo intelectualizar las series de TV, sino más bien presentar un mapa caprichoso de una manera de narrar una historia con imágenes. Algo similar ocurre con las telenovelas: son un producto bajo en calorías culturales. No obstante tiene sus códigos, su estética y por ende son productos culturales. La televisión basura a veces es un tópico y recuerdo al enciclopédico Arturo Uslar Pietri o al atildado Aníbal Nazoa cuyos programas buscaban darle un chance al humanismo y la poesía de las cosas sencillas.

Con las series de TV lo que está sometido a examen no es la vida, aunque se apropie de algunos de su aspectos básicos, sino la imaginación como un cliché, como una situación estereotipada saturada de violencia y sexo. Cuando apagas la TV la vida esta allí imitando a veces al arte y a veces a la televisión basura con todos sus sórdidos acordes.

 


 

Actualizado ( Lunes, 12 de Abril de 2010 06:49 )  


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