
Néstor Rojas
(El Tigre, 1961) poeta y escritor venezolano, con más de quince libros publicados, en los géneros poesía, narrativa y ensayo. Actualmente es director de Turismo en la alcaldía de Heres. Comparte sus días entre dos orillas orillas: Anzoátegui y Bolívar. El Orinoco es la frontera de sus travesías.
Los círculos del sol y la serpiente
Sólo nuestra palabra / nos vuelve la realidad. Roberto Juarroz.
“Tal vez sea hoy / La fulguración de los sentidos: / Ver al Borracho –Tiempo tiempo ido- / Mancillando los nombres de la ciudad / Dibujando con tiza / El rostro de calles y casas / Pintarrajeando en las paredes / Constelaciones apagadas / Echando negro humo y escoria /Sobre las maravillas del azar / Triturando con piedra de macerar diamelas / Huesos de pájaro / de tigre / y de pez / El Tiempo caminando sobre los malecones...” Luís García Morales De un sol a otro, (1997)
Luis García Morales[1] es uno de esos poetas demiurgos que nos reconcilian con la Palabra, que nos devuelven la fe en lo sagrado. Su poesía, siempre intensa y reveladora, tan resplandeciente, nos reúne en el ámbito de lo trascendente: en el espacio-útero (el río) donde alcanzamos la iluminación interior y nos encontramos, otra vez, con aquello que se ha desvanecido, con lo que creíamos muerto: el Paraíso. El Poeta, dotado por la Divinidad con el don de la magia, hace de nuestro lenguaje cotidiano un milagroso desplazamiento verbal que ilumina las aguas de la memoria. Logra, a través de la metáfora, que exista nuevamente para nosotros el pasado, que sea otra vez experiencia, presencia del “ahora” y resurrección de las voces y horas que se fueron.
Su voz, deslumbrante como luz de otro sol imaginado, funda en la escritura un territorio maravilloso, un paisaje del río Orinoco, dominado por los dioses perennes de la naturaleza. Círculos tras círculos, como remolinos del fluir de la vida, vamos percibiendo el movimiento rítmico de la eternidad que Plotino trató en la Enéada. Imagen tras imagen, como ondas que se van sucediendo, las palabras van reiterando, ad infinitum, la presencia del instante creador que signa todas nuestras acciones y las traslada inevitablemente hacia el olvido.
El tiempo percibido en la poesía de Luis García Morales es el dios que devora todo lo que existe para nosotros. Es la experiencia del despojo. Es lo efímero rehaciendo el sentido de la realidad o el “mismo instante del sacrificio y el aleluya”.
Por eso, leer los poemas de su libro “De un sol a otro”[2] es reencontrarse con ese río Orinoco siempre que el poeta lleva por dentro como una imagen que lo constituye; es volver a mirar con otros ojos esa ciudad (la vieja Angostura) que lo sigue, sin tregua, por todos los caminos. Un río, una ciudad que permanecen en la memoria como presencias sagradas. Un río, una ciudad que evocan, tal vez, a otra ciudad y a otro río que acontecen “sobre las maravillas del azar”, y donde en otro tiempo perdido para siempre “...un niño absorto/ Mira pasar un río que lo mira/ Un río que le habla / El animal cubierto de espejos sonoros”.
[1] Nació en 1929. Formó parte, junto con Guillermo Sucre, Salvador Garmendia y Elisa Lerner, entre otros, del famoso Grupo Sardio. Fue jefe de redacción de la Revista Nacional de Cultura, presidente fundador del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) y presidente de Fundarte. Su obra poética está contenida en los libros: “Lo Real y la memoria” (1962), “El Río siempre” (1983), ambos títulos recogidos por Monte Avila en un solo volumen titulado “Poesía” (1992).
[2] Publicado por Monte Avila Editores en su Colección Altazor, 1997. Este libro recibió el Premio Municipal de Poesía que otorga la Municipalidad del Distrito Federal.





