COLUMNISTA

Elinor Herrera
Carne fresca
Los sitios de la ciudad para encontrarse con los amigos, parecen signados por la edad. Espacios donde sólo concurren adultos o jóvenes. No consigues gente adulta en discotecas con la música que no puede ser bailada por los adultos contemporáneos y no consigues jóvenes en sitios donde sólo suenan merengue o salsa, en cambio los cafés son un microcosmo: consigues personas de todas las edades.
Los clientes del café de encuentro con las amigas eran, en su mayoría, hombres adultos, todos maduritos. Esperamos10 minutos hasta que desocuparon una mesa. A nuestro lado estaban dos hombres que por su forma de hablar parecían andar a la caza de conquistas juveniles. Dos asaltacunas, como dicen los adolescentes hoy , antes se les llamaba viejos verdes.
El más apuesto, vestido de manera casual y con algunas canas en las sienes, recorrió con su mirada el espacio como analizando el panorama mientras se tomaba un café y encendía un cigarrillo. Al poco rato se dirigió al compañero para comentar sobre su rastreo visual. Están unas mujeres que parecen interesantes pero cuarentonas. No vale, lo mío es carne fresca, así termine como mi abuelo, cornudo pero feliz, expresó el otro. Vayámos a otro sitio. Las de aquí al lado están bien buenas, parecen inteligentes por lo que hablan, pero tienen pinta de casadas, además nosotros no andamos buscando charlas ni conferencias lo que queremos es movida.
Foto de: YURI VALECILLO.
El otro, un poco más alto y con más canas, sonrío y le contestó: esas son precisamente las que más nos critican, claro, son las que no consiguen levantarle el ánimo a los maridos, pero ya las vieras tú si llegan a levantarse un “carajito”. Se hacen cuanta cirugía hay. Se levantan los senos, se chupan la grasa, se inyectan colágeno, botox y todo lo que existe para esquivar los años. En cambio nosotros no tenemos ese rollo porque a las “carajitas” le gustan los maduros corridos en siete plazas. Nada más imagínate si tuviéramos más dinero, una tremenda camionetota y con este físico, nos lloverían a montones. ¡Estimado, no hay como la carne fresca!
Así continuaron su interesante diálogo: que si a las jovencitas les gusta que las traten mal; además hay tantas que no se dan abasto para complacerlas; les gusta que le falten el respeto, etc. Mujerotas, buenotas, perdidas, chulas, fueron algunos de los calificativos para sus amigas, hasta llegar a mencionar a las esposas e hijos, algunos ya en la universidad. El de la sienes plateadas criticaba lo permisiva que era su mujer, porque dejaba salir a la “niña de 17" con el tipo de 25. ¿Qué pueden hablar o hacer esos dos, sí los intereses no son los mismos? ¡Libre Dios si me la malogra antes de graduarse! Se las verá conmigo y con las leyes. Ya se lo advertí, no lo quiero rondando ni llamando para la casa. Cada oveja con su pareja.
El canoso replicó: menos mal que tengo puros varones, allí las que tienen que cuidarse son ellas, viejitas o mozas. Y soltó una gran carcajada que nos terminó de perforar lo que nos quedaba de tímpanos.
Esto pareciera ser un fenómeno mundial donde los hombres están viendo a las mujeres sólo como carne de cañón. Años atrás las jóvenes repudiaban y hasta se burlaban de los viejos verdes-babosos, ahora no. Pareciera que la nota es andar con un anciano que tenga dinero o no. ¿Quizá para competir con las amigas en el arte de la seducción? Ya expresan no querer compromisos donde el compartir en pareja- esté implícito, casi todas quieren vivir sólo para el disfrute. Pareciera que hemos llegado a la Era del sexo sin amor.
Gracias a Dios este mal no se ha propagado en su totalidad. Todavía existen hombres que les gustan las mujeres inteligentes y maduras porque ya saben lo que quieren y creen en el valor del amor como base fundamental de cualquier relación.
Recuerden queridos amigos: 18 años entran más en una de 50, que 50 años en una de 18.





