"LO URBANO ES INFINITO”
IMAGINAROS URBANOS, ícono y ciudad expuestos en la obra de Raúl Herrera

Miguel Antonio Guevara
"Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son solo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos."
Italo Calvino: "Las ciudades invisibles"
Imaginarios urbanos es de las últimas series que nos ofrece el artista visual barinés Raúl Herrera. Esa podría ser una forma de comenzar nuestro repaso por su obra, tomémoslo como un ensayo (pero de práctica y error) a fin de cuentas el artista no oculta su gesto al figurar o entregarse a la abstracción, esto se trata y tratará siempre de un probar e ir construyendo en el camino. Así lo ha hecho precisamente con su trabajo, sostenido precisamente en un construir y reflexionar constante en torno a la ciudad y lo que la configura, tomando así el recurso impredecible de la pintura, del coqueteo visual con las diferentes visiones personales y por supuesto, nos muestra lo que ha logrado gracias a la formación como artista. Mario de Andrade bien lo dijo en Arte y Arquitectura del Modernismo Brasileño: “manifestándose especialmente a través del arte, pero salpicando también con violencia las costumbres sociales“.
El edificio, esa nueva choza-costumbre del hombre actual, el ícono que permanece en las representaciones de Herrera, podría ser para algunos ese parapeto hostil imitador de árbol que se alza entre el concreto, para éste no es más que el símbolo que resguarda en sí, el significado de la ciudad, de la urbe. El proceso de comunicación de la imagen reza: “la existencia de imágenes implica la presencia de elementos (forma, movimiento y percepción humana) que sólo aparecen cuando hay un sujeto receptor, un hombre que recibe el mensaje visual a través de la vista. Por lo tanto, no puede haber imagen sin un proceso de comunicación”; precisamente es de nuestras preferidas apreciaciones, el imaginario urbano de Raúl Herrera comunica, transmite, identificación señera con el gesto visual que proyecta al colectivo, edificio tras edificio, apiñados unos, otros encima, contrastes cálidos que reflejan la actividad, la construcción como un agente de personalización de los estados de la gran ciudad, imprimiendo emocionalidad al conglomerado de la polis, los edificios, la ciudad son seres, seres de la urbe que se levantan con vida propia, para ser protagonistas en una selva de cemento habitada por desalmados.
“Se puede explorar desde el edificio a una lámpara, un pote de basura…elementos que se pueden convertir en elementos estéticos… y soy yo los que los convierto íconos” dice Herrera, como personaje que modela y da vida de esta figuras, considerando sus necesidades de comunicación, de expresión visual, atendiendo a Duchamp: “considero la pintura como un medio de expresión y no como un fin. Un medio de expresión entre tantos otros…” He allí la otredad, el artista explaya su discurso en donde él mismo se ve retratado, a pesar de que comenta que en su trabajo es capaz de desmontar otros elementos, escoge los rectángulos y cuadrados que están sembrados en nuestras ciudades, en el edificio de la agitada urbe que comparte su espacio con otros, unos más pequeños, otros más altos, unos más oscuros, otros claros, “o el color que tenga a la mano” dice. En fin, toda una interacción de seres distribuidos rítmicamente en una composición; inmuebles que se yerguen portando la condición del ser, algún tipo de anhelo de permanecer incólumes ante la acción del tiempo, sus similares y la acción de la naturaleza.

La polis, la ciudad, la civitas, si tiene algo característico, más que cualquier elemento arquitectónico o social es precisamente la configuración de universalidad. Recordemos un detalle menos subjetivo como las señales de tránsito, que son capaces de transmitir lo mismo de Barinas a Tokio. Precisamente en universalizar la visión de un ícono es lo que nos propone el artista, para la proyección en el inconsciente colectivo.
En una de las obras, nos comenta el artista plástico, que “la ciudad puede ser la que pensamos, la que creemos, la idealizada” siempre en un ejercicio conceptual, a ratos la ciudad ordenada, otras en entero caos, pero siempre ofreciendo esa dualidad para la lectura del observador porque “depende de cada persona”.
“Se trataba de fragmentos de la ciudad, composición de nuevos elementos. Más que todo ejercicio. Ahora con este trabajo es algo más complejo y concreto de lo que me interesa con la ciudad. Encontré con lo qué seguir explorando y reinventando lo que hay”. (Herrera en entrevista, 2011).
Es lo que dice el artista plástico sobre su anterior exposición “Tiempos Urbanos”; aquí evidenciamos el proceso de reflexión, de investigación y puesta a prueba del armado del discurso imagético plástico. Una obra en constante producción, transformación y reinvención.
“Esta línea puede durar toda mi vida, es infinito. La ciudad desde su creación ha sido tema de los poetas, artistas plásticos, la ciudad como ideal, como conjunto de estructura, como filosófica, material”. (Herrera en entrevista, 2011).
Es una postura ideal ante todo, una forma de vida, de comunicar a través de una cosmovisión urbana personal, a fin de cuentas el “desarrollo” y la postmodernidad nos han hecho autómatas que viven en cajas de cemento y uno que otro accesorio para diferenciarnos. El concepto de diferenciación en Raúl Herrera es precisamente el imaginario, cómo él proyecta el ícono, su ícono, pero está al servicio de las subjetividades del que genera la lectura visual, cada quien percibiendo según sus propias improntas, percepciones y visiones personales de la arquitectura de la existencia. Si hay alguna duda sobre ello, ya ha hecho de las suyas con nosotros.
Hemos explorado y caminado su urbe, proyectándonos nuestra propia visión del ícono, a través de ese erguido leitmotiv que se nos muestra en las más variadas presentaciones y colores, unos proyectados en su grandeza, otros que sucumben en su emocionalidad colorida porque fueron menospreciados por sus hacedores. Los imaginarios urbanos, son ellos que se arman como proyecciones del ser, de los seres de la urbe.

Los imaginarios urbanos, son la condición humana del transeúnte. Los imaginarios urbanos, son pedazos de Raúl Herrera que configuran su condición de artista que busca la trascendencia en la obra. Los imaginarios urbanos, son precisamente los que activan nuestra imaginación, para hacer de ellos lo que nos plazca. Los imaginarios urbanos, nos comunican los gestos de la polis, son hijos del hombre, el nicho del presente, del futuro.
Los imaginarios urbanos de Raúl Herrera esperan por tu lectura, por tu propia práctica de ensayo y error para la necesaria conversación del gesto contigo, ansían comunicarte, que adentres en sus vericuetos y cálidas figuras, porque para el artista “No hay mayor creación del hombre como la ciudad”.





