Carlos Yusti

Los “garabatos” (como los denomina mucha gente) del artista estadounidense, radicado en Italia y que acaba de fallecer, Cy Twombly se cotizaban a precios altos en el mercado del arte. No obstante en la década de 1950 fue sometido a una crítica despiadada, después fue despreciado y por último ignorado.
Su naufragio como artista que prometía respondía a ese reacomodo del mundo artístico y en la que Nueva York se apuntalaba como la nueva meca en cuanto a vanguardia artística se refiere. De allí que el abstraccionismo de Cy Twombly parecía agotado para los entendidos.
Aunque estudió arte en el Art Students League de Nueva York o Black Mountain College de Carolina del Norte él ha dicho, en las pocas entrevistas que concedió, que su educación visual se realizó en la calle visitando galerías. Aunque colega y compinche de Robert Rauschenberg y Jaspers Johns su pintura e incluso su postura con respecto al arte es diametralmente opuesta. Mientras Jones y Rauschenberg se afanan por marcar pautas y hacer de rebeldes, Twombly va a su aire, no quiere demostrar nada ni ser vedette en exposiciones o galerías. En el año 1959 se casa con una italiana se va a vivir a Roma.
A partir de los 80 se inicia un cambio hacia su obra. Sobre su metodo de trabajo dijo: “…cuando viene el impulso de pintar, viene de forma natural. Yo no lo fuerzo, ni siquiera en esas etapas en que uno se siente un poco estéril. Yo no soy un pintor profesional, ya que no me gusta ir al estudio como si se tratara de un trabajo de nueve a cinco, como lo hace un montón de artistas. Cuando algo me golpea, o veo un cuadro, o cuando veo algo en la naturaleza, se opera en mi una cosa inexplicable y entonces debo ir al lienzo. Pero no me importa sinada me estremece por espacio de tres o cuatro meses”.
Con respecto a la vision humanista del artista Carol A. Nigro ha escrito: “¿Por qué hay seres humanos que no oponen resistencia a los acontecimientos y a los sistemas que habían producido algunas calamidades en todo el mundo? Un sentido de bancarrota moral, ansiedad, confusión y algunas dicotomías existenciales habían penetrado el alma después de la guerra en la vida americana a pesar del nuevo bienestar material. Mitigar la ansiedad, sin embargo, pasaba por un retorno a los valores humanísticos, fue de alguna manera como la esperanza que podía redimir el errático comportamiento humano. Los expresionistas abstractos y Twombly, como acólito consecuente, participaron en este trabajo, preguntando al pasado las grandes verdades de curación. El supuesto predominante era que, si se podía localizar a los arquetipos – las continuidades de la historia y el mito – o encontrar el paralelismo entre las llamadas sociedades primitivas y las modernas, la visión ganaría en un conjunto de condiciones universales, atemporales o algún fundamento moral inquebrantable que podría recuperar la vida contemporánea”.
Su pinturas poseen trazos de rapidez, de grafismo, de trazo infantil o como él dice: “Cuando yo trabajo lo hago muy rápido, pero la preparación para el trabajo puede tener cualquier longitud de tiempo. Incluso puede ser el de un año”. Pero todo este trabajo que parece banal o producto de azar tuvo detrás de si mucha pesquisa, lectura y cierta visión del arte del pasado, pero de un pasado que se pierde en la nebulosa del tiempo o como lo expesó el artista: “Para mí el pasado es la fuente (para todo el arte contemporáneo es de vital). Me atrae lo primitivo, los elementos rituales y ese fetichismo hacia la naturaleza, a ese orden plástico simétrico”.
Lo escrito por Francisco Calvo Serraller le hace justicia: “Que un artista no obtenga la aprobación de sus inmediatos contemporáneos no debe ser tomado como su descalificación, ni tampoco como ningún título de gloria, si bien es indudable que un auténtico creador, sea artista o escritor, lo es porque su ambición desborda el ridículo cauce de lo que llamamos actualidad. Por eso, al final, casi nunca es el artista el que debe rendir cuentas ante nosotros, sino nosotros respecto a él, porque nuestra incapacidad crítica o nuestra precipitación lo han elevado o rebajado excesivamente. Aplicada la lección a Twombly, la cuestión no es, en absoluto, por qué antes no era “famoso” y ahora lo es, sino por qué nuestros limitados prejuicios nos impidieron apreciar su caudal de invención o innovación”.
Aunque estudió arte en el Art Students League de Nueva York o Black Mountain College de Carolina del Norte él ha dicho, en las pocas entrevistas que concedió, que su educación visual se realizó en la calle visitando galerías. Aunque colega y compinche de Robert Rauschenberg y Jaspers Johns su pintura e incluso su postura con respecto al arte es diametralmente opuesta. Mientras Jones y Rauschenberg se afanan por marcar pautas y hacer de rebeldes, Twombly va a su aire, no quiere demostrar nada ni ser vedette en exposiciones o galerías. En el año 1959 se casa con una italiana se va a vivir a Roma.
A partir de los 80 se inicia un cambio hacia su obra. Sobre su metodo de trabajo dijo: “…cuando viene el impulso de pintar, viene de forma natural. Yo no lo fuerzo, ni siquiera en esas etapas en que uno se siente un poco estéril. Yo no soy un pintor profesional, ya que no me gusta ir al estudio como si se tratara de un trabajo de nueve a cinco, como lo hace un montón de artistas. Cuando algo me golpea, o veo un cuadro, o cuando veo algo en la naturaleza, se opera en mi una cosa inexplicable y entonces debo ir al lienzo. Pero no me importa sinada me estremece por espacio de tres o cuatro meses”.
Con respecto a la vision humanista del artista Carol A. Nigro ha escrito: “¿Por qué hay seres humanos que no oponen resistencia a los acontecimientos y a los sistemas que habían producido algunas calamidades en todo el mundo? Un sentido de bancarrota moral, ansiedad, confusión y algunas dicotomías existenciales habían penetrado el alma después de la guerra en la vida americana a pesar del nuevo bienestar material. Mitigar la ansiedad, sin embargo, pasaba por un retorno a los valores humanísticos, fue de alguna manera como la esperanza que podía redimir el errático comportamiento humano. Los expresionistas abstractos y Twombly, como acólito consecuente, participaron en este trabajo, preguntando al pasado las grandes verdades de curación. El supuesto predominante era que, si se podía localizar a los arquetipos – las continuidades de la historia y el mito – o encontrar el paralelismo entre las llamadas sociedades primitivas y las modernas, la visión ganaría en un conjunto de condiciones universales, atemporales o algún fundamento moral inquebrantable que podría recuperar la vida contemporánea”.
Su pinturas poseen trazos de rapidez, de grafismo, de trazo infantil o como él dice: “Cuando yo trabajo lo hago muy rápido, pero la preparación para el trabajo puede tener cualquier longitud de tiempo. Incluso puede ser el de un año”. Pero todo este trabajo que parece banal o producto de azar tuvo detrás de si mucha pesquisa, lectura y cierta visión del arte del pasado, pero de un pasado que se pierde en la nebulosa del tiempo o como lo expesó el artista: “Para mí el pasado es la fuente (para todo el arte contemporáneo es de vital). Me atrae lo primitivo, los elementos rituales y ese fetichismo hacia la naturaleza, a ese orden plástico simétrico”.
Lo escrito por Francisco Calvo Serraller le hace justicia: “Que un artista no obtenga la aprobación de sus inmediatos contemporáneos no debe ser tomado como su descalificación, ni tampoco como ningún título de gloria, si bien es indudable que un auténtico creador, sea artista o escritor, lo es porque su ambición desborda el ridículo cauce de lo que llamamos actualidad. Por eso, al final, casi nunca es el artista el que debe rendir cuentas ante nosotros, sino nosotros respecto a él, porque nuestra incapacidad crítica o nuestra precipitación lo han elevado o rebajado excesivamente. Aplicada la lección a Twombly, la cuestión no es, en absoluto, por qué antes no era “famoso” y ahora lo es, sino por qué nuestros limitados prejuicios nos impidieron apreciar su caudal de invención o innovación”.





